Universidad Nacional Autónoma de México
Dirección General de Servicios de Cómputo Académico
Año 7 Núm. 74, Publicación Mensual, 27 de Noviembre de 2008

ARTÍCULOS

 

Año 6, Número 64, Noviembre de 2007

¿Quiénes somos en Internet? Identidad y redes sociales

José Fabián Romo Zamudio


Además de la identificación social de los individuos, esto es, ser conocidos por familiares, amigos, compañeros de trabajo y demás personas con quienes se interacciona, existen instrumentos de identificación oficiales, como las credenciales de elector o ciudadanía, pasaportes, credenciales de instituciones, entre otros.

En la llamada “era de Internet” tenemos múltiples personalidades e identificaciones. Lo que alguna vez se consideró como la forma sine qua non de reconocer a un individuo, la cuenta de correo electrónico, ha quedado muy atrás, no sólo porque una misma persona puede tener varias cuentas de correo en los más dispares servidores, o una de éstas puede estar asociada con un grupo, no con un individuo, sino también porque esta forma de identificación no es práctica debido al cúmulo de perfiles, registros y actividades que una sola persona puede tener en la red.

Por ejemplo: en ambientes virtuales, como Second Life o Active Worlds, el usuario crea un “avatar” (representación gráfica mediante un dibujo o fotografía) para “vivir” en el mundo virtual y comunicarse con los demás. Pero el “avatar” en alguno de esos sistemas virtuales puede no ser compatible con la definición del mismo sujeto en el otro mundo simulado. De igual forma, son pocas las interacciones existentes entre usuarios de cierto servicio de mensajería instantánea y los de cualquier otro, es decir: entre usuarios de Yahoo!, Windows Live Messenger y Google Talk. Los usuarios cada vez tienen más cuentas, perfiles y preferencias, a tal grado, que algunas personas emplean sistemas de administración de sus cuentas y contraseñas.

En otros ámbitos, como el de las telecomunicaciones, radio, televisión, telefonía celular, por mencionar algunos, existen estándares en la forma cómo se transmite y recibe la información. La propia Internet es la mejor muestra de lo que los estándares son capaces de hacer: una red uniforme, con un protocolo (TCP/IP) único y estable, que empaqueta y traslada la información de un lado a otro de la misma manera en todos lados. Resulta lógico que la identificación del usuario en Internet también parta de un estándar, para que a través de una sola definición del usuario o perfil sea posible participar en todos los servicios que nos ofrece la red.

Redes sociales

Conviene, entonces, diferenciar el mecanismo de identificación de lo qué es la identidad. La identidad es un proceso que incluso puede durar toda la vida, como lo explican algunas teorías de la psicología evolutiva. Este descubrimiento de sí mismo incluye actividades en las que el individuo interacciona con otras personas, ya sea por afinidad de gustos, por relaciones laborales o por metas comunes. En esta búsqueda de la identidad propia, la Internet juega un papel clave, especialmente con los servicios de redes sociales, los cuales son sistemas en línea que reflejan las relaciones entre los individuos.

Así, por ejemplo, un usuario de Facebook o Hi5 empieza por definir su perfil (profile), donde lo mismo incluye sus aficiones y gustos o el libro que está leyendo, las fotos de su último viaje, el nombre de su mascota, sus habilidades y conocimientos profesionales, así como datos personales en lo general. Con el perfil registrado empieza a invitar a sus conocidos a sumarse al servicio, mediante el establecimiento de sus perfiles y, por tanto, a su red social.

En esencia, una red social en la red contribuye a la descripción de la identidad del sujeto, más no es una identificación en sí.

La red social, o sea los contactos del individuo, está compuesta por dos tipos de relaciones: las fuertes y las débiles. Una relación fuerte corresponde a familiares, amigos cercanos, compañeros de trabajo o colegas de profesión con quienes mantiene contacto continuo; mientras que una relación débil proviene de amigos de otros, y de sus subsecuentes amigos, con quienes se relaciona ya sea a través del mismo servicio de red social o bien por referencia de otros conocidos.

Conforme crece el número de usuarios que integran el servicio se conforma el “mapa social” que nos rodea. El primer impacto es saber la cantidad de personas que nos conocen y en consecuencia identificamos otras formas y estilos de vida, preferencias y actividades.

Aunque la red social en Internet no sustituye a la red social de la vida real, sí la complementa y la fortalece, a tal grado, que ciertos servicios se especializan en el tipo de relaciones que fomentan. Por ejemplo, Facebook ha adquirido un perfil más orientado a personas de entre los 25 y 60 años, mientras que un considerable volumen de las edades de los usuarios de Hi5 se concentra entre los 12 y 18 años. Linkedin, por su parte, facilita la comunicación de personas con actividades profesionales e incluso, posibilita el intercambio de experiencias y currícula.

La diferencia entre uno y otro servicio de red social la impone el tipo de recursos adicionales, a meramente publicar el perfil personal. En algunos sitios se puede acceder a juegos en línea, retos de conocimientos, estadísticas de viajes y lugares conocidos, listas de los libros que cada sujeto posee y ha leído, entre otras opciones.

Otro factor atractivo de las redes sociales es que permiten, a quien las emplea, medir su “capital social”, entendido como los recursos que acumula a través de sus relaciones con otras personas. Lo mismo sirve para conocer las opiniones de nuestra red social acerca de diversos temas como una película o un programa de TV, que también para la organización de grupos con objetivos específicos, ya sean políticos, profesionales, recreativos y demás tareas que los asocien en una identidad más grande.

Este capital social se moverá en los diversos grados de relaciones existentes en la red, siendo cada grado el siguiente salto en el mapa social. De esta manera es factible, por ejemplo, crear un grupo de interés en literatura greco-romana con relaciones fuertes del primer grado —nuestro círculo cercano— y que también incluya conocidos por relaciones débiles de tercer o quinto grado —los amigos de los amigos de nuestros amigos—.

Ciertos estudios, como el realizado por la Columbia University en el año 2003, indican que son raras las relaciones superiores al sexto grado, ya que Internet se ha expandido de tal forma que, generalmente, el séptimo salto en una comunicación en la red social es el retorno al individuo de origen.

Las redes sociales y, en especial, las construidas de manera intensa en Internet, tienen aún mayores aplicaciones. Para muchos usuarios son más efectivas en tanto se edifiquen en lo informal, más cercanas a lo natural, es decir, por los mismos usuarios, mientras que no son tan prácticas las impuestas por las jerarquías corporativas o las burocracias, lo que fortalece el concepto de Internet como herramienta para la cimentación de estructuras organizacionales más planas, donde las comunicaciones no vengan en mayor medida de “arriba hacia abajo”, sino de extremo a extremo: el conocido concepto peer to peer.

Estamos siendo testigos de lo que se ha denominado el Individualismo en Red, donde es práctica constante la movilidad entre diversas redes sociales a partir del tipo de capital social que se busca. Demostraciones de este individualismo socializado, por extraño que parezca el término, son el uso de tecnologías inalámbricas, teléfonos celulares, correo electrónico, portales de redes sociales, entre otros, donde el sujeto tiene diversas facetas, y se muestra a los demás lo mismo como un “avatar” en Second Life, que con sus fotos de la infancia en Hi5, como un número para SMS, una cuenta en la mensajería instantánea o un identificador SIP.

En otras palabras: poseemos diversas identificaciones que como individuos constituyen, junto con otros elementos, nuestra identidad en la red. Es esta multitud de identificaciones donde convergen en algo más uniforme para compartirse entre todas las tecnologías que empleamos.

OpenID

Si se parte, entonces, de una identificación universal, se han desarrollado diversos proyectos para conciliar los datos que proporciona un usuario entre los múltiples servicios y sistemas de la red. Uno de los primeros intentos lo constituye OpenID.

El componente principal del sistema OpenID reside en la autentificación de la identificación del usuario, esto es: confirmar que el usuario es quien dice ser, por medio de servidores (conocidos también como IdP o Identification Provider) que conservan la identificación completa de la persona en una base de datos. Para operar correctamente, el sistema requiere de la creación de un perfil por parte del usuario, asignándole un URL como identificador, por ejemplo: fabianromo.servidor_de_identificación.org. Si el usuario accede a algún servicio en Internet que requiere incluir datos en un formato de registro pero que, a la vez, sea compatible con OpenID, únicamente deberá colocar el identificador asignado por el proveedor de identificaciones, sin escribir el resto de los datos.

El sitio en donde se registra se denomina Parte Confidente, ya que se conectará con el proveedor de identificación requiriendo la autentificación de los datos del usuario, y a partir de ello, si la respuesta es positiva, autorizar cierto tipo de actividades u operaciones dentro de su sistema a la persona que lo está solicitando.

OpenID, aunque es un adecuado esfuerzo basado en el desarrollo de software libre para facilitar la creación de una identificación digital universal, no es recomendable por el momento para autentificaciones y autorizaciones que demandan un mayor nivel de seguridad y confianza, como las requeridas por servicios bancarios o académicos.

Los riesgos y las oportunidades

Si la identificación abierta y uniforme de los individuos se convierte en una realidad, será posible la intercomunicación de los diversos servicios en Internet, aunque existen riesgos y oportunidades adicionales.

Es claro ver que una identificación universal digital facilitará los esquemas de mercadeo directo, basado en las preferencias del propio usuario. Podemos imaginar la combinación del cómputo ubicuo con este tipo de identificación que se apoya en la identidad que públicamente ha dado a conocer el individuo: los anuncios comerciales en las estaciones del metro o en las calles, en lugar de ser impresos, podrán emplear pantallas de proyección mostrando al transeúnte los productos que prefiere o más le interesan.

Un estudiante en la universidad, al ingresar al portal institucional, verá no sólo sus asignaciones académicas, proyectos y tareas, sino también tendrá disponibles mecanismos de educación en línea que partan de su particular visión del mundo, aficiones, habilidades y tipo de inteligencia.

El añejo concepto de webmaster quedará cada vez más atrás, pues el éxito de los sitios en Internet provendrá ya no de qué tantas visitas al mes posee, sino de su capacidad para la regeneración constante de contenidos a partir de las imparables colaboraciones de los antes llamados usuarios, que enviarán información desde sus teléfonos celulares, reproductores portátiles de medios, computadoras y otros dispositivos por venir. Múltiples áreas del conocimiento se transforman debido a que más y más personas se integran a las redes sociales en línea, se describen a sí mismos por esa red social y sus características particulares que definen su identidad en la red, y fácilmente se mueven entre los diversos servicios en tanto poseen una identificación universal.

Por lo anterior, conviene estar alerta sobre lo que se publica. Informar a las redes sociales a las que pertenecemos del estado del tiempo en nuestra localidad o dar una opinión acerca del calentamiento global parece no tener mayor complicación. Pero proporcionar datos personales como domicilio, edad, familiares, propiedades y otros, puede poner en riesgo la integridad personal o de terceros en aquellas sociedades donde la seguridad, tanto de las personas como de las instituciones, no está plenamente garantizada. En este sentido, cada persona debe ser consciente de lo que dice y lo que no.

El concepto de la identificación digital universal, combinado con la construcción personal y social de la identidad en la red, abre la oportunidad a una nueva etapa en la comunicación humana: la verdadera transformación de una inmensa cantidad de usuarios en creadores constantes de contenidos e información, el paso trascendental e inevitable hacia una sociedad del conocimiento. Técnicamente, llegará el momento en que hasta los mismos nombres de dominio de servidores en Internet correspondan ya no sólo a gobiernos, empresas o instituciones, sino a individuos no necesariamente dependientes de un dominio nacional, más bien pertenecientes a la raza humana y al entorno que les rodea, la real idea detrás de la palabra cosmopolita

Para mayor información:

Servicios de redes sociales

http://www.facebook.com

http://www.linkedin.com

http://www.hi5.com

http://www.plaxo.com

http://www.friendster.com

http://www.ning.com

http://www.viadeo.com

http://www.myspace.com

http://www.orkut.com

Identificación abierta

http://openid.net

 

 

Inicio | Contacto |

tml>