Universidad Nacional Autónoma de México
Dirección General de Servicios de Cómputo Académico
Año 7 Núm. 74, Publicación Mensual, 27 de Noviembre de 2008

ARTÍCULOS

 

Año 6, Número 57, Marzo de 2007

La revolución de la música

Carlos Suárez Gutiérrez

 

Nos dijeron que la estábamos matando: que cada vez que bajábamos una canción de Internet o comprábamos un disco pirata estábamos cavando la tumba de la industria discográfica y dejando sin comer a los artistas y a sus hijos. Lanzaron campañas para alertar acerca del peligro de la piratería musical y nos contaron historias de terror acerca de muchachos que fueron a dar a la cárcel por tener unos cuantos miles de rolas en sus discos duros.

Ahora, la industria de la música se está adaptando a las nuevas realidades aprovechando los cambios tecnológicos, los nuevos modelos de negocios y dándole a los fans lo que quieren, en el momento deseado y en el formato requerido. La mejor parte es que estamos viendo una explosión de creatividad para beneficio de todos los que disfrutamos ese arte de organizar sonidos al que llamamos música.

El usuario toma el control

La revolución en la música llegó de la mano de tres caracteres: MP3. Fue el primer formato de compresión de audio popularizado gracias a Internet, que hizo posible el intercambio de archivos musicales. Con el paso de los años, se crearon colecciones de miles y hasta millones de canciones que saltan de un disco duro a otro sin que nadie pague regalías, lo que derivó en demandas judiciales contra sitios emblemáticos que permitían la distribución gratuita de música como Napster y AudioGalaxy.

Sin embargo, estos pleitos legales no desalentaron el intercambio de música, incluso podemos decir que lo alentaron, porque al cerrar uno de estos sitios surgían otros cinco nuevos que abrían al abanico de posibilidades para los usuarios que aprendieron que la música podía fluir libremente por el Internet, y los riesgos de sufrir una acción legal eran mínimos, por no decir nulos.

El formato MP3 se volvió tan popular que brincó de las computadoras a otros dispositivos como teléfonos, aparatos de sonido, reproductores portátiles (el iPod, sus hijos y sus primos), lentes deportivos y hasta gorros de natación.

Como la revolución del MP3 era imparable y había millones de usuarios compartiendo archivos vía Internet, era imposible meterlos todos al bote y pelearse con, literalmente, medio mundo, así que tenían que cambiar de estrategia para enfrentar esta ola de cambios que amenazaba con dejar a la industria de la música sin una parte importante de sus ganancias.

Se acaban las disqueras

Los modelos de negocios musicales están cambiando, ya no basta grabar un buen disco, 13 o 15 canciones, promocionarlo un poco y dejar que las cuentas bancarias se llenen con la venta de los CDs por los canales tradicionales; ahora, los artistas están descubriendo que ese modelo está agotado y están cambiando a las grandes casas disqueras por otras más pequeñas y especializadas o, de plano, toman en sus manos la producción de sus discos, dándole a sus seguidores la oportunidad de opinar y ser tomados en cuenta en el proceso de creación.

Hasta ahora, el modelo tradicional le daba a las compañías discográficas el control total sobre la producción, selección y distribución de la música; sin embargo, actualmente las cosas están cambiando y los artistas pueden llevarse sus canciones a otros sitios, ponerlas libremente para que sean bajadas del Internet o, más revolucionario todavía, permitir que sus seguidores hagan sus propias mezclas de las canciones proporcionándoles gratuitamente los archivos de las pistas de la voz, la guitarra, la batería y el bajo para que jueguen con ellos. Entonces ¿de qué van a vivir los artistas? de los conciertos, de los derechos de sus canciones para cine, televisión y videojuegos y de las regalías por la venta de música en los canales tradicionales.

Los músicos generalmente reciben el 10% de la venta de un disco, el resto va a la disquera que suma sus ganancias y gasta una parte en los costos de producción, promoción y mercadotecnia; muchas veces los contratos indicaban que el disco pasaba a ser propiedad intelectual de la disquera y los artistas tenían que irse con su música a otra parte. Este modelo de negocio tenía que agotarse.

Desde el año 2000, las ventas de CDs han tenido una caída constante que ahora llevan un acumulado del 20%, no es que la gente no compre música, al contrario, ahora ya no necesitamos un reproductor de CDs para escucharla, la llevamos en celulares y otros dispositivos portátiles que deseamos llenar a toda costa con nuestra música favorita, el problema no es en sí la falta de interés en la música sino la disminución en la venta de discos, dos cosas que, como veremos, son diferentes.

Ya lo dijo el gran Peter Gabriel “Los artistas seguiremos necesitando los servicios que presta el personal de las discográficas en cuanto a financiamiento, promoción o distribución en algunos mercados. Pero la relación cambiará. Para grabar un disco, ahora debes vender parte de tu alma a la discográfica, que se convierte en tu dueño y decide si le interesa trabajar contigo o no. Así se exprime a muchos artistas. Si alteramos la situación, y las discográficas se limitan a prestar un servicio, se acaba con la servidumbre y se establece una relación entre adultos”.

La música digital

El negocio ahora es vender música y dejar de centrar a la industria en esos discos plateados que dentro de poco serán obsoletos.

Así como los servicios de intercambio de canciones han golpeado las ventas de discos, también son un excelente medio para dar a conocer bandas y cantantes que se van por la libre y desdeñan los canales tradicionales. Además, en estos sistemas de intercambios lo que más circula son singles, canciones sueltas que llevan a la gente a buscar y comprar los álbumes completos. El Internet está lleno de sitios donde usuarios comunes reseñan discos que en pocas semanas pueden volverse fenómenos de ventas, gracias a estas recomendaciones que saltan de página en página y se distribuyen también de persona a persona.

Otra forma común de utilizar la red a favor de los artistas, es mediante la venta de sus canciones en línea, como lo hace Apple a través de su tienda iTunes, a razón de un precio promedio de un dólar por canción, de esta forma se rompe el esquema tradicional de comprar todo un disco por un par de buenas canciones y permite pagar sólo por la música que realmente interesa.

Un teléfono celular suena en promedio cinco segundos antes de ser contestado, sin embargo, en 2006 se gastaron 600 millones de dólares en Estados Unidos para hacer que esos cinco segundos sonaran de forma personalizada mediante la venta de los ringtones, versiones para celular de canciones de moda por las que también los artistas reciben regalías; en nuestro país, el mercado de los ringtones es también muy grande pero no hay datos para comparar los ingresos que se generan por esta compra de música para teléfonos celulares.

Todos estos son ejemplos tecnológicos del alcance de la música, algunas formas nuevas en las que los creadores están utilizando la red a su favor y logran colocar sus canciones en todos los lugares posibles, desde comerciales hasta tonos para celular, con lo cual obtienen ganancias. Sin embargo, la red también ha permitido que varios artistas reconocidos y otros que no lo son tanto, distribuyan sus canciones y hasta discos completos como un regalo para sus seguidores, sin que tengan que pagar un solo centavo por ello. Tenemos el caso de gente de la talla de Rubén Blades, quien en el 2000, puso en Internet su disco “Tiempos” para que fuera bajado gratuitamente por todos sus seguidores.

El problema de los derechos

El mercado de la música en línea ha sido definido por Apple, su reproductor iPod y su tienda iTunes; ellos marcaron el camino que después siguieron empresas como Microsoft y Sony, por mencionar dos de sus grandes competidores que también venden música por la red y aparatos para escucharla.

Cuando Apple estaba negociando los derechos para vender en Internet el catálogo de las cuatro grandes (Universal, Sony BGM, EMI y Warner), surgió el problema de garantizar que las canciones que la gente comprara sólo se escucharan en aparatos y computadoras que tuvieran los derechos legales para hacerlo, es decir, querían evitar que alguien comprara una canción y luego se la pasara alegremente a sus amigos para que ellos la pudieran escuchar y, a la vez, seguirla pasando sin que hubiera un mecanismo que impidiera estas copias ilegales. Entre todas las compañías llegaron al acuerdo de crear una tecnología-adefesio llamada Gestión de Derechos Digitales (Digital Rights Management, DMR por sus siglas en inglés), un conjunto de tecnologías orientadas a ejercer restricciones sobre los usuarios de un sistema, o a forzar los derechos digitales permitidos por los poseedores de derechos de autor e independientemente de la voluntad del usuario del sistema.

En el caso de Apple, las canciones que usted compra en su tienda, sólo pueden transferirse a un iPod y no a otros dispositivos, aunque sean de tu propiedad.

Estas restricciones han ocasionado que muchos usuarios protesten y decidan no casarse con una compañía que les impone reglas absurdas para el uso de canciones que ya han pagado; recordemos que estas limitaciones no existen al comprar un tradicional CD de música: usted puede escucharlo en su casa, en la oficina, en un reproductor portátil o en un aparato doméstico sin que tenga problemas para hacerlo, las dificultades son exclusivas para los que prefieren el formato digital.

El 6 de febrero, Steve Jobs sacudió al mundo de la música al proponer que todas las tiendas que venden música en línea eliminen sus tecnologías para la Gestión de Derechos Digitales, permitiendo que todas las canciones se puedan reproducir en todos los aparatos, sin importar marcas ni fabricantes. Jobs lanza esta idea después de que varios analistas de la industria habían pronosticado que en un plazo no mayor de dos años, las disqueras y las empresas de tecnología tendrían que abrirse y dejar de poner restricciones a la música. Hasta ahora, nadie con el poder que tiene Steve Jobs se había unido a esta iniciativa y, con el concurso de Apple, es probable que estemos viviendo los últimos días de los dispositivos y las tecnologías contra la piratería.

No podemos vivir sin música, su poder único para convocar sentimientos y estados de ánimo la hacen un elemento necesario para darnos un respiro en medio de la agitada vida que llevamos; la feliz unión entre música y tecnología nos depara aún muchas sorpresas. En cierto sentido, nos está tocando vivir momentos de definiciones donde se ha dejado de ver a los usuarios como ladrones musicales y ahora son reconocidos como parte fundamental en el proceso de creación al aportar ideas y unir, mediante el uso de las nuevas tecnologías de comunicación, al artista con su público.

Algunos fanáticos tecnológicos auguran que en menos de diez años tendremos dispositivos para escuchar música, baratos y con una fidelidad increíble, recibiremos canciones vía satélite y podremos llevar horas y horas de música en aparatos tan ligeros y del tamaño de una uña; quizá todas estas son especulaciones, lo que sí sabemos es que la música seguirá con nosotros, quizá en diferente formato y tamaño, para contagiarnos su magia y ayudarnos a convertirnos en mejores personas.

Para mayor información:

http://www.futuremusic.com/

http://www.apple.com/hotnews/thoughtsonmusic/

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