Universidad Nacional Autónoma de México
Dirección General de Servicios de Cómputo Académico
Año 7 Núm. 74, Publicación Mensual, 27 de Noviembre de 2008

ARTÍCULOS

 

Año 6, Número 60, Junio de 2007

Celulares y privacidad
Carlos Suárez Gutiérrez

Caso 1: muchachos de una escuela preparatoria local circulan de teléfono en teléfono imágenes de sus compañeras tomadas en el baño, sin su consentimiento. Como la escuela no tiene una política clara ante el uso de las cámaras de los teléfonos celulares, las posibles sanciones se reducen a castigos menores.

Caso 2: empleados de un hospital son sorprendidos mientras fotografían con sus celulares placas de rayos-x de pacientes que están en tratamiento. Aunque no se revelan los nombres de los pacientes ni sus padecimientos, el hospital despide a esos trabajadores, extiende sus políticas de prohibición de dispositivos a las cámaras de los teléfonos celulares.

¿Qué hacemos ante la proliferación de casos donde los celulares son utilizados con una clara intención de invadir la privacidad?

Te llamo más tarde

En junio de 2001, hace apenas seis años, la compañía finlandesa Nokia lanzó al mercado el primer teléfono celular con cámara; desde entonces, la capacidad de llevar en un mismo aparato teléfono y cámara han hecho que sus ventas se disparen y, según datos disponibles, los celulares que se vendieron en el 2006, rondan alrededor de los mil millones de aparatos, siendo cerca del 70% teléfonos con cámara integrada.

Esta proliferación de dispositivos con capacidad de captar imágenes ha generado innegables ventajas y muchos dolores de cabeza, con los que apenas estamos aprendiendo a vivir.

Quizá, el más grave de todos sea la invasión a la privacidad, es decir, la intrusión al ámbito de la vida personal de un individuo que se lleva a cabo en un espacio reservado y debe mantenerse de forma confidencial. El desarrollo de la sociedad de la información y la expansión de las telecomunicaciones plantean nuevas amenazas que requieren afrontarse desde diversos puntos de vista: social, cultural y legal, entre otros.

Tómate la foto

En la bolsa o en el cinturón traemos colgado un dispositivo muy poderoso; además de hacer llamadas, nos permite llevar la agenda de citas del día, escuchar radio y MP3s, jugar y, por supuesto, tomar fotografías. Cada vez son más poderosas las funciones fotográficas incorporadas a los celulares, al grado que en este momento muchos compiten con las cámaras digitales e incluso, algunos analistas han pronosticado la muerte de las cámaras digitales, las cuales serán reemplazadas por los celulares, pues ya están en condiciones de obtener fotografías con la misma calidad que las digitales.

Nuestro teléfono se ha convertido en un aparato capaz de captar no sólo imágenes, también graba sonidos, una función no tan glamorosa como la fotográfica, pero que igual constituye un riesgo de invasión a la privacidad: no sabemos si la persona con la que hablamos nos ha fotografiado o se encuentra grabando la conversación sin nuestro consentimiento.

En algunos países se trabaja en la normatividad de la difícil frontera entra la vida pública y la privada, tratando de emitir leyes que permitan una convivencia más o menos racional, sin caer en delirios de persecución. Por ejemplo, si alguien desea utilizar una fotografía para fines comerciales, es necesario solicitar la autorización de todas las personas que aparecen en la imagen, no importa si están en la vía pública, todos tienen derecho a negarse a aparecer y, por tanto, a demandar en caso de que crea que su derecho a la privacidad ha sido vulnerado.

El problema se complica cuando consideramos los celulares utilizados sin el consentimiento de los otros, pues se han convertido en una amenaza para salas de conciertos, gimnasios, vestidores, museos de arte y todos los lugares donde haya algún tipo de restricción para grabar, fotografiar y captar imágenes. Como la tecnología avanza mucho más rápido que las legislaciones locales, la mayoría de los dueños de estos sitios han tenido que tomar medidas para proteger a sus obras o clientes, las cuales en algunos casos pueden ser demasiado rígidas y vulnerar los derechos de terceros.

Análisis forense

Así como los celulares se usan para invadir la privacidad de los demás, también pueden usarse para vulnerar la propia.

En los últimos años, ha crecido el uso de los celulares como inesperadas herramientas tecnológicas que sirven como mudos testigos de los andares de una persona; con las herramientas correctas, es posible registrar las llamadas que hizo una víctima o un agresor, los mensajes que intercambió, los correos que leyó y hasta los lugares donde se movió, con base en el análisis de la pequeña tarjeta con información que traen todos los celulares modernos y la revisión de las bitácoras de actividad de las antenas que recibieron señal del teléfono en cuestión. Recordemos que los celulares se mueven de antena en antena, y queda un registro de la hora cuando ingresó a una determinada área de cobertura, el tiempo que estuvo ahí, las llamadas realizadas y la hora en que salió. Dicha información es muy útil y puede servir para culpar o exonerar a alguien.

Todo ello sin contar con aquellas personas que usan las funciones fotográficas de sus celulares para documentar sus crímenes: desde vulgares ladrones que fotografían las bolsas y carteras robadas, hasta criminales sexuales que arman tétricas galerías con sus andanzas y que pueden actuar en su contra, al momento de ser detenidos. En ese sentido, las policías del mundo han aprendido que, además de buscar en los bolsillos de los criminales, también hay que revisarles sus teléfonos celulares.

Con el incremento en el uso de los teléfonos celulares, crece también una nueva industria especializada en técnicas forenses que analizan profundamente la información contenida en estos dispositivos; esta industria, a la que se le está prestando mayor atención, utiliza técnicas avanzadas para obtener información que los mismos fabricantes de los teléfonos muchas veces se niegan a revelar, donde se encuentran en juego patentes, derechos de propiedad industrial y, sobre todo, mucho dinero.

Nuestros confiables y casi omnipresentes celulares se han convertido en una de las más serias amenazas a la privacidad; ciertos casos documentan cómo el mal uso de estos aparatos modifica las conductas sociales exponiéndonos a situaciones que, hasta hace poco, eran impensables. Como todo asunto relacionado con la tecnología, existen muchos enfoques al respecto, todavía falta ponerse de acuerdo respecto a la posición que asumiremos como sociedad ante el desafío que nos presentan los celulares y dispositivos móviles.

Estos aspectos deben llevarnos a reflexionar hasta qué punto se nos puede seguir y monitorear nuestras actividades a través de nuestros celulares y dispositivos móviles. El tema presenta muchas aristas sobre las cuales es importante pensar y así, llegar a conclusiones válidas para la mayoría de quienes trabajamos día a día con la tecnología.

Para mayor información:

http://www.pom/araben.c
http://www.sigillu.com
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