Universidad Nacional Autónoma de México
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Año 7 Núm. 74, Publicación Mensual, 27 de Noviembre de 2008

ARTÍCULOS

 

Año 4, Número 37, Marzo de 2005

El texto maleable

Resumen de la ponencia presentada durante el 1er. Foro de Edición Digital,
realizado por la DGSCA los días 3 y4 de marzo de 2005, en la Casa Universitaria del Libro, México, DF

 

La edición en el medio digital, recapitula todo lo que viene ocurriendo no ya desde Gutemberg, sino desde la edición en manuscritos, que fue donde se descubrió una gran parte de las cosas que luego se han ido desarrollando. Lo presentaré a partir de una conceptualización: el texto como una materia prima maleable que se puede transformar.

I. Del lado del autor

Un primer aspecto es la relación del autor con el texto, como ejemplo está el libro 1984 de Orwell, un facsímil del manuscrito que refleja de forma muy interesante el trabajo del autor: los tachones, las adiciones, los cambios de lugar, las interpolaciones.

Cuando nace el trabajo autorial, es algo tan tardío como los libros de caballerías, en los cuales es la primera vez que hay un corpus narrativo tan complejo, con tantos personajes y tan grande, donde no hay más remedio que pensar que ahí el autor tuvo que trabajar como trabajamos ahora, como se ha trabajado hasta la llegada del texto digital, es decir, con borradores, tachones, etcétera.

II. Del lado del copista

La época de los manuscritos tiene que resolver dos problemas. El primer problema es relacionar dos obras que son independientes.

La forma primera y más tosca de poner en contacto dos textos es hacer un comentario con citas. En este ejemplo, el comentario va en negro, y en rojo se van intercalando los textos de la Escritura. Desde el siglo VI hasta el XIII, la Biblia nunca existe como un libro independiente, existe sólo como citas en el interior de otros textos. Pero las necesidades de crecimiento del comentario obligan a ir forzando el texto en otra dirección.

Las glosas utilizan distintos sistemas; el primero es el interlineado: el texto de la Escritura va en letra más grande y debajo de cada línea se van poniendo los comentarios, las traducciones, etc. En el segundo, el texto auxiliar rodea completamente al texto sagrado, se incorpora entre sus líneas y salta de párrafo en párrafo.

Se va así dando lugar a obras de mayor complejidad, pero que tienen un límite muy claro: lo que se puede colocar alrededor del texto. Entonces entran dos innovaciones complementarias.

La primera solución fue crear unas coordenadas para los textos. Con respecto a la Biblia, se empezó por hacer una división en capítulos y luego una división interna que empezó con siete letras (a,b,c,d,e,f,g) que indicaban grosso modo si se remitía hacia el principio del capítulo, hacia el medio, etc.; lo cual, luego llegó a la división de los versículos (Génesis, 3,1).

Cuando se completa el proceso, ya se puede hacer referencia a cualquier obra sin contar con ella físicamente, esto fue un gran avance. En el siglo XIII aparece por primera vez en un inventario de París, una frase que dice “En esta biblioteca hay una Biblia sin glosas” (como se decía en el origen de los automóviles: “un coche sin caballos”).

Otro paso igualmente importante y sutil, fue el uso del orden alfabético. Tuvo que pasar mucho tiempo, antes de que se descubriera que el orden alfabético podía servir para ordenar las palabras o los conceptos de una obra y remitir desde ellos hacia los capítulos, versículos, etcétera.

Asimismo, se dio una lucha muy importante con el orden alfabético, en tanto chocaba con problemas ideológicos: no podía ser que Altissimus, que es Dios, estuviera después de la palabra abyssus, el abismo, el infierno.

Las coordenadas más el orden alfabético supusieron el fin de una época. Antes, en los primeros siglos del cristianismo, un sabio debía tener todas las palabras de la escritura en su memoria. Lo sabemos por San Jerónimo, que en su correspondencia sobre la traducción de la Biblia le cuenta a un colega que hay una palabra que es muy extraña y que se la ha encontrado sólo una vez en el texto de las Escrituras. Y hoy, con todo el corpus de las Escrituras en soporte electrónico, sabemos que era cierto.

La época de los grandes sabios con las grandes memorias, y la época del conocimiento a través del trabajo duro, termina hacia el siglo XIII; posteriormente, empieza aparecer el soporte que presta la tecnología editorial, todavía en manuscrito.

El siguiente estadio en el control fueron las concordancias: obras que tienen todas las palabras de otras obras por orden alfabético y con indicación del contexto en que se encuentra cada una. Las concordancias se hacían, por ejemplo de la Biblia, a partir de seleccionar cada una de las palabras sustantivas, y crear de forma manual, un índice: el libro del Génesis empezaba “En el principio Dios creó el cielo y la tierra”; entonces se ponía en una ficha la palabra principio y se escribía: Génesis 1:1, en otra ficha Dios, y se escribía Génesis 1:1, y así con todas las palabras de la obra.

Este trabajo inició a principios del siglo XIV, y ya en el 1600, era una pieza clave para los predicadores.

III. Del lado del impresor

La imprenta aporta todos estos refinamientos de la tecnología, pero introduce el punto de vista industrial, o sea el de la producción; y estas capacidades de flexibilidad del texto que los copistas habían ido utilizando y que luego las herramientas tecnológicas textuales iban poniendo a punto, se pasan del lado del propietario de la imprenta.

La imprenta de Gutemberg es la imprenta de los tipos móviles y desde finales del siglo XV, empieza a crear una producción muy grande, donde un taller muy bueno de la centuria XVI podía alcanzar las 1250 páginas al día.

La fluidez del texto en la imprenta está del lado del impresor. La ediciones de la imprenta primera son ediciones muy móviles; un aspecto revolucionario de los tipos móviles es que una letra usada en la composición de un libro se podía reusar para otro. Como el plomo era caro, lo más normal cuando se estaba imprimiendo, si venía otra impresión que urgía, era deshacer todo el texto y rehacerlo otra vez, lo cual dio lugar a incontables problemas de fijación del texto de las primeras ediciones.

IV. Del lado del artefacto

El siglo XIX ve dos grandes inventos relacionados con el texto. El primero es el fonógrafo de Edison, el cual “escribía” con un punzón que vibraba sobre un disco de cera. ¿Era una auténtica escritura? La pregunta tenía implicaciones de copyright, por ejemplo; Edison la resolvió observando en el microscopio diversas grabaciones de un mismo sonido, como la letra a: todas eran diferentes, con lo que podía concluir que la grabación no era una escritura.

Otro de los inventos es la máquina de escribir, que contenía en su interior los mismos tipos de Gutemberg, pero con la punta de las teclas bastaba irlas apretando para hacer una especie de impresión, pero de manera particular. Fue Mark Twain el primer escritor que presentó un original a una editorial en máquina de escribir.

V. Del lado del receptor

La flexibilidad y la fluidez del texto que hemos visto pasando de manos de los copistas, a las imprentas, a la máquina de escribir, se pone en manos del usuario con el texto digital.

Si se posee el texto digital se tiene automáticamente el índice de todas sus palabras: una obra es su propia concordancia. Igualmente, la relación entre dos textos cualesquiera se lleva a cabo normalmente a través de los enlaces o ligas.

A través de los buscadores generales, uno puede llegar a tener la concordancia de cualquiera de las obras que existen en la Web (y a través de las iniciativas de Amazon y de Google), también de muchas obras que circulan impresas.

El segundo aspecto clave en un texto digital, es la posibilidad de transmisión; es decir, que cualquier usuario puede crear un texto, un ejemplar como aquellos que hacían los copistas, pero darle la difusión que tiene la imprenta, y superior, puesto que no tiene barreras para su difusión.

Además, una obra realizada en el medio digital puede ser copiada inmediatamente. Con una obra digital y un sintetizador de voz podemos tener una obra hablada, y eso es una herramienta muy buena para personas con alguna discapacidad visual.

Con el texto digital podemos llegar a una obra en papel en cualquier momento. Los libros serían el arquetipo digital que está en un sitio electrónico, y se podrían imprimir bajo demanda en tiradas hasta de un solo ejemplar.

La máxima meta del texto digital tiene que ser la estandarización y la apertura y todo lo que va en contra de eso (marcos o frames, codificaciones inadecuadas, textos en imagen, falta de etiquetas o tags, ...), que vaya en contra no ya de la facilidad de lectura personal, sino de la visibilidad en los buscadores y, a través de ellos, de la difusión entre los lectores. .

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