Universidad Nacional Autónoma de México
Dirección General de Servicios de Cómputo Académico
Año 7 Núm. 74, Publicación Mensual, 27 de Noviembre de 2008

ARTÍCULOS

 

Año 4, Número 40, Junio de 2005

Redes de cómputo para la educación básica

Teresa Vázquez Mantecón

 

Las redes de computadoras proporcionan herramientas poderosísimas en el trabajo con niños y adolescentes, siempre y cuando se estructuren proyectos atractivos para ellos. Desarrollar la capacidad para acceder a la información, socializarla y responder a ella con compromiso y participación, se simplifica notablemente a través de Internet, ya que permite crear las condiciones para que los diferentes sentidos, significados y símbolos que produce la sociedad puedan circular y colectivizarse en igualdad de condiciones.

El trabajo mediante redes dentro de las escuelas aumenta notablemente la calidad y profundidad con la cual los profesores abordan las materias curriculares que, inevitablemente, se relacionan con la vida diaria. Esto permite lograr una educación viva que logra captar el interés de los estudiantes; de esta manera, hacerles saber que el aprendizaje obtenido en la escuela es una interpretación del mundo real, por ende, los conocimientos adquiridos sirven para algo más que sólo aprobar un examen.

Todos los interesados en la educación dedicamos muchas horas a pensar en dos vertientes: cuáles son los mejores métodos para enseñar y, por lo tanto, para aprender, y qué es lo que debemos enseñar.

Existen muchos y variados métodos de enseñanza, más o menos exitosos, probados desde hace varios siglos: desde el bofetón de la abuela hasta la asamblea participativa, siempre se aprende algo y nuestra sociedad ha sido muy hábil para transmitir sus ideas y principios, arraigándolos hasta lo más profundo de nuestras conciencias. Basta que uno intente cambiar la percepción sobre la mujer, la idea sobre la democracia, la transparencia en las elecciones, etc., para que nos demos cuenta que las ideas están mucho más ancladas de lo que nos gustaría. De ahí, tal vez, la reflexión en cuanto a que el problema principal no sea el método de enseñanza, sino lo que intentamos transmitirnos los unos a los otros. Y no me refiero únicamente a los datos que el plan de estudios indica sobre lo que los jóvenes deben saber al concluir la educación secundaria, sino respecto aquellos valores y aquellas actitudes que les servirán para entender al mundo actual y construir su mundo futuro.

Si algo tenemos claro en este inicio de siglo es que la información que somos capaces de generar nos rebasa. Una persona que hoy esté alrededor de los 45 años, ha tenido que reformular varias veces su percepción del mundo y, por lo tanto, su conocimiento sobre él, desde que terminó la educación básica: las telecomunicaciones y la conquista del espacio revolucionaron las ciencias y la ingeniería, la división política de África y de Europa no tiene nada que ver con la estudiada en 1970, algunos conceptos básicos de la biología han cambiado radicalmente, los conceptos de “democracia”, “derecha” e “izquierda” por citar algunos, tienen connotaciones y significados muy diferentes.

Otra cosa que hemos aprendido es que la información, por sí misma, no es relevante ni significativa, sino hasta que entra en relación directa con los intereses de las personas. Si yo no tengo una pregunta que plantearme con respecto al origen de la vida o sobre la historia medieval de Inglaterra, todo lo que se ha escrito sobre ambos temas, no es más que una montaña de papel. Para que la información contenida en las bibliotecas sea transformada en conocimiento o en saber, es necesario construir una relación entre el mensaje y las personas. Desde mi punto de vista, ahí radica el principal quehacer de la educación, su razón de existir. El problema central es lograr que los estudiantes comprendan y reconozcan que el conocimiento tiene una gran velocidad de cambio. Los códigos de interpretación de la realidad se desactualizan tan rápido como la sociedad misma.

Dentro de esta perspectiva, creo que el papel primordial de la escuela no es ni debe ser transmitir información, sino preparar a los jóvenes para dudar de todo y para criticar y extraer conclusiones propias sobre el mundo. Los debe hacer capaces de adaptarse y cambiar tan rápido como su entorno, y dentro de él, ser creativos y propositivos. Sólo así podrán construirse verdaderos espacios democráticos de socialización.

Bernardo Toro y Martha Rodríguez, en 1995, establecieron las competencias y capacidades básicas que los niños requieren para poder participar y ser productivos en el siglo XXI1:

  • Lograr altas competencias en lectura y escritura.
  • Lograr altas competencias en cálculo matemático y resolución de problemas de todo tipo.
  • Lograr altas competencias de expresión escrita. Saber describir, comparar y analizar por escrito.
  • Capacidad para criticar y analizar los medios de comunicación.
  • Capacidad para criticar el entorno social (formación política democrática).
  • Capacidad para trabajar, planificar y decidir en grupo.
  • Capacidad para ubicar, acceder y usar información acumulada.

Por supuesto, no son ellos los únicos autores que han propuesto que la educación para el nuevo siglo debe dejar de lado la memoria e incidir más en los procesos cognitivos.

Prácticamente todos los estudiosos coinciden en que el dominio amplio de la lectura y la escritura favorece la productividad, y tampoco hay escuela que no dedique un buen número de horas a trabajar con matemáticas. La idea de trabajar en equipo tampoco es nueva: ya había sido planteada por grandes pedagogos como Montessori o Freinet desde principios del siglo XX. Lo novedoso de la propuesta de Bernardo Toro y Martha Rodríguez está, a mi juicio, en tres de las proposiciones: los estudiantes deben ser capaces de analizar los medios de comunicación, tener la habilidad para criticar el entorno social y ser competentes en la ubicación, acceso y uso de la información acumulada.

¿Cómo puede un estudiante aprender a analizar la información que recibe a través de los medios de comunicación? Es tanta y tan sesgada que, como docentes, nos enfrentamos a un reto que no es pequeño.

Queda claro, que los educadores no podemos controlar las fuentes y los canales de comunicación para moderar los mensajes. Frente a los medios masivos que quieren imponernos una ideología determinada, la escuela debe ser capaz de imaginar sistemas de comunicación complementarios, los cuales permitan llegar a todos los individuos para discutir el mensaje en el punto donde llega, a la luz de los códigos de quien lo recibe, confrontándolo con los códigos de partida.

Desde este punto de vista, trabajar, con conexión a Internet en las escuelas de educación básica, se vuelve una cuestión inaplazable. No existe todavía un libro de texto que permita acceder a la información que se está construyendo de manera cotidiana y, sobre todo, que permita capacitar a los estudiantes en el desciframiento de los numerosos lenguajes a los que están expuestos día con día. Urge enseñarlos a descifrar imágenes, a discutir ideas sobre la base del análisis de los acontecimientos reales que suceden en su entorno y a tomar posiciones propias frente a la vida.

Los grupos de trabajo que se conforman, vía Internet, permiten a alumnos y docentes acceder a la información de forma económica e inmediata. Además, siempre es posible discutirla y analizarla dentro del aula primero, y después confrontar ese análisis con otros grupos que viven bajo condiciones y premisas diferentes, permitiéndose así observar los fenómenos desde distintos ángulos. La educación básica debe capacitar a los alumnos para conocer profundamente su entorno y confrontarlo con la realidad nacional e internacional.

El punto de partida del trabajo en red con niños y adolescentes es lograr que la comunidad académica del país se comprometa seriamente con la educación básica. No se trata únicamente de escribir páginas rebosantes de información, sino de dar un paso más, o sea brindar el espacio para el análisis y la apropiación de las ideas. Es necesario presentar las ideas desde varios ángulos, permitiendo a los estudiantes que elijan, por sí mismos, los principios con los que actuarán en el futuro.

Para mayor información:

http://www.redescolar.ilce.edu.mx

http://sepiensa.org.mx

http://www.educared.edu.pe/estudiantes/

http://www.perucultural.org.pe/

 

1 “Conceptos y criterios básicos para la elaboración de instrumentos para la movilización social.” José Bernardo Toro, Martha Rodríguez. Bogotá, Colombia. Enero 2001.

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