Universidad Nacional Autónoma de México
Dirección General de Servicios de Cómputo Académico
Año 7 Núm. 74, Publicación Mensual, 27 de Noviembre de 2008

ARTÍCULOS

 

Año 4, Número 35, Enero de 2005
El dilema de las alcabalas (1) digitales y los derechos
de autor en Internet

Kiyoshi Tsuru

Contrario a lo que promulgan algunos de los gurús tecnológicos de nuestra época, la red de redes Internet no es el verdugo del Derecho de Autor, tal y como la videocasetera resultó no ser el estrangulador de Boston de la industria cinematográfica, sino su principal promotor.

Es cierto que los medios electrónicos, entre ellos Internet, son un hábitat muy diferente para la propiedad intelectual, un entorno con leyes naturales distintas a las que solían regirla. Por tanto, el comportamiento del Derecho de Autor debe cambiar en este nuevo lugar. Es como aprender a vivir con la gravedad y condiciones climatológicas de otro planeta, después de haberse acostumbrado el organismo a las leyes naturales de la Tierra. El cambio, al aceptarse debidamente conlleva evolución, no muerte; esto le está sucediendo a la propiedad intelectual, como le ha ocurrido en innumerables ocasiones en su historia. Dolores de crecimiento y ajustes estructurales, adaptación.

En este proceso de adaptación, se han planteado diferentes alternativas. Una de las más recientes en México, ha sido proponer la adopción de cuotas, tasas o mejor dicho, alcabalas a los proveedores de tecnología que permiten almacenar, copiar o transmitir contenidos. En los últimos meses, han existido por lo menos tres iniciativas que sugieren la imposición de tasas a los fabricantes e importadores de discos compactos, casetes y otros soportes materiales vírgenes, al igual que aparatos reproductores o quemadores, sugerencia que copia la normativa europea, o bien la imposición de alcabalas a los proveedores de servicio de Internet (por sus siglas en inglés ISPs).

Este último tipo de alcabalas, por el impacto adverso que pudiera tener en el desarrollo del Internet nacional, es el que nos preocupa en este momento. Resulta que los ISPs no conocen la naturaleza de los contenidos que pasan por su infraestructura. Conforme al protocolo TCP/IP, motor fundamental de Internet, un paquete de datos es simplemente eso, un paquete, sin importar lo que lleve dentro. Ese es precisamente el trabajo de los ISPs: hacer que los mensajes de datos viajen de un lugar a otro, en partes (paquetes), sin que sea relevante el contenido del paquete.

Imponerle a los ISPs la obligación de pagar una alcabala o peaje por cada paquete de datos que viaje por su sistema, o al menos cada uno que lleve determinado formato, por ejemplo MP3, cuando ni quien busca imponer el peaje, ni el propio ISP conoce el contenido de ese tráfico que pasa por su sistema, es injusto de raíz. La iniciativa se basa en la suposición de que todos los paquetes de datos, o todos los paquetes en determinado formato llevan en su interior contenidos infractores, los cuales por tanto deben pagar un peaje. La premisa es falsa. Existen innumerables usos no infractores para los paquetes de datos que se mueven a través de ISPs, por ejemplo, los millones de correos electrónicos que diariamente intercambiamos con fines profesionales, comerciales, académicos o personales. El problema es que ese peaje que se pretende cobrar a los ISPs, normalmente sería trasladado al usuario final, sin saber si dicho usuario tendría que pagar por ese peaje o no. Es algo así como cobrarles a todos los automóviles que cruzan la frontera una cuota por contrabando, sin saber lo que cada coche lleva en su cajuela (y sabiendo que una gran cantidad de automóviles cruzan sin traer en su interior mercancía ilegal).

Más aún, lo grave del problema es que la distribución de las cuotas recibidas no puede realizarse de manera justa o informada. Si tomamos de nuevo el ejemplo del cruce transfronterizo de automóviles, y decidiéramos que determinado porcentaje de las alcabalas recaudadas se pagara a un famoso artista del género de canciones rancheras, ese porcentaje no corresponde necesariamente al volumen de tráfico de discos importados ilegalmente en cajuelas de coches. Es más, ni siquiera sabemos si en un día, mes o semana, se traficó ilegalmente con un solo disco de ese artista. El turista transfronterizo que introduce discos de su cantante favorito de pop, también está pagando a través de su cuota a un artista cuyos discos nunca ha escuchado. Peor aún, el turista que cruza la frontera sin ningún disco ilegal tiene que pagar un sobreprecio por un ilícito que nunca cometió.

Algunas legislaciones extranjeras, como la norteamericana y la europea, contemplan excepciones y eximentes de responsabilidad para los ISPs. Quienes hacen lobbying en nuestro Congreso, sugiriendo adoptar legislaciones parecidas a las de otros países (por ejemplo la imposición de tasas a materiales vírgenes, al estilo europeo), deberían también presentarles a nuestros legisladores el contrapeso que esas legislaciones llevan diseñado (en este caso, las excepciones o safe harbors para ISPs).

La otra solución, que permite dar certeza y justicia a la protección de derechos de autor en medios electrónicos, es la adopción de software que permita proteger e identificar a los contenidos: las medidas tecnológicas de protección y los sistemas de gestión digital de derechos. Ello permite conocer de qué tipo de contenido se trata, qué derechos existen sobre él, qué regalías deben pagarse, cómo y a quién, además de proteger y resguardar dicho contenido contra accesos y copias no autorizados. Estos mecanismos, utilizados en un contexto de balance entre los derechos de los titulares de derechos de autor, sus usuarios y la comunidad, ofrecen una alternativa viable y equitativa a la utilización de contenidos en el milenio digital.

 

1 Según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, una alcabala es un “Antiguo impuesto de origen musulmán, de carácter indirecto, que gravaba las transacciones comerciales internas”. Agradecemos al Dr. Alejandro Pisanty la brillante sugerencia del término.

 

Inicio | Contacto |