Universidad Nacional Autónoma de México
Dirección General de Servicios de Cómputo Académico
Año 7 Núm. 74, Publicación Mensual, 27 de Noviembre de 2008

ARTÍCULOS

 

Año 3, Número 26, Febrero de 2004

Construyendo la informática social

Carlos Suárez Gutiérrez

En nuestros días, es común escuchar múltiples referencias a un aspecto más de la evidente desigualdad tecnológica existente entre países, comunidades y personas que se engloban bajo el término de “brecha digital” (digital divide), concepto que podemos entender como la separación existente entre los que utilizan las Nuevas Tecnologías de la Información (NTI) como una parte rutinaria de su vida diaria, y aquellos que no tienen acceso a las mismas y que, aunque lo tengan, no saben cómo utilizarlas.

Encontrando la brecha digital

La brecha digital puede definirse en términos de la desigualdad de posibilidades que existen para acceder a la información, al conocimiento y la educación mediante las NTI.

Diversos estudios realizados desde hace una década, confirman que la mayor concentración de recursos informáticos se da en países ricos e incluso, dentro de estas naciones, hay desigualdad de oportunidades; los grupos sociales más poderosos son los que acaparan el acceso a las Nuevas Tecnologías de la Información, por ejemplo, la Fundación Benton informa que el 55% de los norteamericanos blancos tienen acceso al Internet desde sus hogares, contra el 31% de los afroamericanos y el 32% de los hispanos. Este desequilibrio en el acceso a los servicios de información se relaciona también con otras desigualdades sociales y económicas.

Conforme esta brecha digital se ha hecho más grande, se plantearon diversas soluciones con la intención de remediarla y acortar las distancias. Algunas de éstas eran más bien catálogos de buenas intenciones y propuestas de tipo caritativo, en vez de soluciones reales.

La brecha digital no se relaciona solamente con aspectos exclusivamente de carácter tecnológico, es un reflejo de una combinación de factores socioeconómicos y, en particular, de limitaciones y falta de infraestructura de telecomunicaciones e informática.

En algún momento se creyó que esta división digital podría subsanarse con el reparto de computadoras y puntos de acceso a Internet; sin embargo, el fracaso de diversos proyectos de este tipo han demostrado que por sí solas, las computadoras no resuelven ningún problema, necesitan el respaldo de planes didácticos para su utilización y contenidos adecuados.

Está claro que el acceso a los recursos técnicos es un aspecto del problema, verlo como si fuera el único nos puede llevar a un determinismo tecnológico, es decir, a la creencia de que la sola presencia de elementos técnicos nos va a llevar a usarlos en la vida diaria, y a conducirnos al cambio social que pretendemos.

En las elecciones presidenciales del año 2000, el candidato del PRI, Francisco Labastida, prometió durante su campaña, llevar computadoras y clases de inglés a todos los niños del país con la creencia de que estos elementos llevarían automáticamente bienestar y desarrollo social para ellos mismos, sus familias y sus comunidades; en ningún momento se habló que para que esas computadoras funcionaran necesitaban electricidad, maestros y programas de cómputo, entre otros elementos. Este es un ejemplo cercano a nosotros, de que la visión simplista del determinismo tecnológico está bien instalada en la mente de políticos y tecnócratas.

La informática como motor de cambio social

Ante el fracaso del determinismo tecnológico, se ha venido gestando una nueva concepción que, sin dejar a un lado los elementos técnicos necesarios para la solución del problema de la brecha digital, toma en cuenta también el entorno social y sus problemas inherentes.

En algunos círculos académicos, esta visión se conoce como “informática social”, en la cual hay que enmarcar los elementos técnicos en un contexto específico que, por supuesto, tome en cuenta los equipos de cómputo, los programas y la infraestructura sin dejar de lado, al elemento humano en sus diversos roles (usuarios, asesores, maestros, etc.); es decir, generar esquemas de colaboración cuyo fin último sea propiciar que las comunidades utilicen los recursos tecnológicos para alcanzar objetivos económicos, sociales, políticos y culturales.

En diversas partes del mundo se han implementado proyectos con la intención de promover la creación de centros de informática social y, en general, han sido más exitosos que los modelos que abogaban por el determinismo tecnológico.

El proyecto Gyandoot es un buen ejemplo de redes construidas con la visión de la informática social; se creó en la India, y ha servido de enlace para la población rural de varios estados proporcionando información política y económica. Este proyecto instaló en cada pueblo un centro de cómputo conectado a la red; los contenidos son creados especialmente, para una población rural con temas de interés común por medio de un equipo de diseñadores Web y programadores contratados por el gobierno. Entre estos contenidos figuran los precios actualizados de cultivos regionales, de tal forma que los pequeños agricultores pueden decidir el mejor momento para vender sus cosechas; otro servicio permite informar de los problemas de las comunidades como fallas en las bombas de agua, deslaves en los caminos, entre otros. El costo del programa es bajo puesto que sólo hay una computadora por poblado y, en parte, se autofinancia de las cuotas que cobran los instructores por dar clases de cómputo para niños. Así, se forman pequeños con las habilidades necesarias para el manejo de computadoras y servicios electrónicos.

La metodología del proyecto Gyandoot que incluye la combinación planeada de recursos técnicos, el desarrollo de contenidos acordes con las necesidades de los usuarios finales y la generación de campañas orientadas al desarrollo social ha mostrado ser una mejor opción que repartir computadoras y esperar a que algo suceda.

De manera natural, las personas accedemos a la información digital por diversos motivos, generalmente lo hacemos desde redes sociales tendidas entre compañeros de trabajo, amigos y familiares, de tal forma que estas redes sociales nos impulsan y estimulan para utilizar las Nuevas Tecnologías de la Información.

Cambio de mentalidad

No existe un factor único al que se le pueda atribuir la existencia de la brecha digital y, por tanto, la solución tampoco es única, sino más bien va relacionada con los procesos y sistemas sociales.

Los recursos técnicos, como ya hemos visto, deben ser un medio para alcanzar la promoción social y no un fin en sí mismos.

El reparto organizado de medios informáticos, dotados de contenidos acordes con los usuarios a los que va dirigido el programa, con mejoras educativas y con la colaboración de las comunidades donde se asentarán estos recursos técnicos, nos pueden dar una primera guía para intentar acortar la brecha digital que en países como el nuestro, comienza a ser enorme; si no hacemos el intento ahora, es posible que no tengamos otra oportunidad de mejorar las oportunidades de acceso a los recursos informáticos para grandes segmentos de nuestra población.

Para mayor información:

http://www.gyandoot.net/

http://www.labrechadigital.org/

http://www.el-planeta.com/abismo/rese.htm

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