Universidad Nacional Autónoma de México
Dirección General de Servicios de Cómputo Académico
Año 7 Núm. 74, Publicación Mensual, 27 de Noviembre de 2008

ARTÍCULOS

 

Año 2, Número 23, Octubre de 2003

Cómputo móvil

Jorge Juan Miñarro Rincón
Nancy Pineda Uribe

 

Lejos están los años en donde las computadoras eran verdaderos monumentos faraónicos en tamaño y peso: cientos o miles de cables que se entretejían para dar unos cuantos resultados, requerían de sitios con acondicionamiento especial y un escuadrón de ingenieros que supieran cómo programar con el lenguaje del destornillador a esos sistemas que originalmente tenían objetivos bélicos. Ahora, los adultos se sorprenden de ver a menores de edad con un teléfono celular que incluye cámara de video o fotográfica, registra las actividades por hacer, guarda los datos de familiares y conocidos, reproduce música digital, suma, resta, divide, multiplica, envía y recibe mensajes, puede procesar texto y hojas de cálculo, se puede conectar a un proyector y dar una presentación, medir la velocidad de una bicicleta o proporcionar nuestra ubicación, con latitud y longitud, de acuerdo con los datos que calcula con pulsos que emiten satélites en órbita geoestacionaria, entre otras “maravillas”.

Cómputo móvil implica un concepto inmediato: hacer cómputo “sin alambres”, sin cables, sin que el equipo personal esté visiblemente conectado a algo. Involucra dos avances tecnológicos fundamentales: las redes inalámbricas para transmisión de datos (conocidas genéricamente como wireless) y la miniaturización de los componentes de un equipo de cómputo, al grado de portarlos como un accesorio más del vestir. De manera secundaria, pero no por ello menos importante, tiene que ver con el continuo desarrollo de aplicaciones y sistemas operativos (software) más sofisticados y especializados.

Emisiones en bandas de AM, FM, UHF, VHF, etcétera, son las antecesoras de la nueva tecnología inalámbrica para la conexión a redes de cómputo. El uso de antenas, frecuencias, modulaciones y pulsos sigue vigente, pero se ha combinado con los avances en el cómputo y la evolución de la transmisión de datos en redes locales o mundiales. Una red inalámbrica de datos opera en frecuencias públicas determinadas por los organismos internacionales, reguladores de las telecomunicaciones. La frecuencia típica de una red inalámbrica es de 2.4 Ghz, similar a la de los teléfonos celulares, pero mucho más alta que la de la televisión o la radio abiertas.

Pero ninguna tecnología es perfecta, y las redes inalámbricas no son la excepción: muros de concreto, estructuras metálicas, otras fuentes de radio y otras redes de datos inalámbricas pueden interferir con la completa comunicación de los datos, por lo que el rendimiento de dichas redes depende del entorno en el que se ubican y la cantidad de usuarios concurrentes de manera simultánea.

Las redes de radiofrecuencia no son la única forma de transferir información de un dispositivo a otro; también, se ha perfeccionado la tecnología de infrarrojos, tan popular en los controles remotos televisiones y videocaseteras, de tal manera que varios equipos de cómputo móvil cuentan con pequeñas ventanas de acrílico rojo que no son otra cosa que emisores y receptores de pulsos generados por otro dispositivo a corta distancia. Esta tecnología es ideal para aplicaciones como la sincronización de asistentes personales (PDAs) con computadoras portátiles o de escritorio, y también se ha incluido en la conexión de ciertos periféricos (teclados y ratones inalámbricos). Una etapa futura de esta continua evolución la simbolizan las comunicaciones por rayo láser, que al igual que el infrarrojo se apoya en la misión de pulsos de luz pero, en este caso, más concentrada, potente y dirigida.

Por otro lado, el auge de dispositivos de cómputo portátiles y sus periféricos también inalámbricos (cámaras de video, micrófonos, audífonos, bocinas, entre otros) obliga al desarrollo de protocolos de comunicación, esto es, a normas o convenciones adoptados por los fabricantes de los equipos portátiles para poderse comunicar entre sí. De aquí surgen normas como la 802.11b (para redes inalámbricas de datos), Bluetooth (para cortas distancias) y WiFi (para redes de cómputo con dispositivos de baja potencia, como las PDAs y laptops) pero ni todos los dispositivos son compatibles con ellos, ni los protocolos son ade-cuados en todas las circunstancias.

En cuanto a los equipos de cómputo móvil la variedad es aun mayor: Pocket-PCs®, PDAs®, Palms®, computadoras portátiles con WiFi o el 802.11g, celulares con audífonos Bluetooth, etc. Las aplicaciones son múltiples: hojas de cálculo, presentadores electrónicos y manejadores de agendas, con formatos de archivos a veces distintos e incompatibles.

Esto puede confundir a más de un usuario con respecto a qué tipo de dispositivo portátil o red conviene más para sus necesidades. Sólo la adecuada difusión de los distintos servicios y la generación de una verdadera cultura del cómputo móvil facilitarán su rápida adaptación a la vida diaria.

Para mayor información:

www.ieee.org

www.palm.com

www.weca.net

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