Universidad Nacional Autónoma de México
Dirección General de Servicios de Cómputo Académico
Año 7 Núm. 74, Publicación Mensual, 27 de Noviembre de 2008

ARTÍCULOS

 

Año 2, Número 16, Febrero de 2003
La experiencia de editar textos electrónicos

Ma. del Carmen Fragano Ríos
cfragano@servidor.unam.mx

 

Cuando Gutenberg dio a conocer el sistema de impresión que había perfeccionado, la mayoría de la gente se sorprendió ante la posibilidad de reproducir un mayor número de ejemplares de un escrito sin necesidad de disponer de muchos copistas a la vez.

Ante la llegada de la imprenta y los cambios visuales, sociales, culturales y económicos que ésta supuso, los lectores tuvieron dificultades para acostumbrarse a una nueva forma de lectura donde los trazos comunes de los escritos manuales desaparecieron ante la posibilidad de reproducirlos, ya que ello hubiera significado hacer una letra por cada variante de trazo. Surgió la renuencia a leer o publicar en libros hechos en la imprenta, porque se consideraban una ofensa aberrante al escrito y al lector.

En plenos albores del siglo XXI, podemos decir que nos encontramos en una situación similar a la que experimentaron los impresores y lectores de hace más de quinientos años.

La aparición del texto electrónico ha significado un elemento de discusión entre las formas de concebir una publicación. Contrario a lo que se cree, las formas tradicionales de los impresos y las nuevas propuestas electrónicas ya no pueden dividirse tajantemente. Ambas se nutren de sus propias experiencias: la primera cuenta con una larga trayectoria histórica de conocimiento acumulado, mientras que la segunda ofrece nuevas perspectivas en cuanto a las formas de lectura, inmediatez y capacidad de almacenar información.

Para quien se adentra en la tarea de elaborar publicaciones electrónicas, es necesaria la recomendación de acercarse al conocimiento de la publicación tradicional en papel. Aunque ya existen propuestas en torno a cómo elaborar ediciones electrónicas, lo cierto es que —debido a la juventud de la disciplina— las opiniones aún divergen entre sí.

La pantalla ha significado ingresar a una lectura diferente de los textos. El hecho de ya no leer en páginas delimitadas, ha dado paso a un largo rollo de texto que recorremos de arriba hacia abajo y viceversa, emulando la lectura de los antiguos papiros. Han quedado atrás elementos imprescindibles para la lectura en libros impresos como las cornisas y los números de página. Pero lo cierto es que aún hay muchos lectores tradicionales que no se acostumbran a estos cambios, por lo que es recomendable seguir ofreciendo elementos del texto impreso en la pantalla para que el cambio sea paulatino y no exista un rechazo inmediato.

Indudablemente, la gran mayoría de las presentaciones de textos se dirigen hacia la utilización de la pantalla como soporte de lectura.
Aunque la perspectiva de los editores en torno a la edición electrónica aún es incierta, muchos han comenzado a dar sus primeros pasos en los terrenos del texto electrónico, para tratar de comprender la tendencia de ciertos tipos de publicaciones hacia lo digital, como es el caso de índices, enciclopedias, catálogos y bases de datos, entre otras.

Para quienes ya se dedican formalmente a la edición electrónica, podemos decir que la fase experimental ha quedado atrás; no obstante, es vital reafirmar la necesidad de acercarse al conocimiento profesional de la edición en papel y llevar lo necesario al plano de la edición electrónica, cuidando elementos que son vitales para la buena lectura: revisión de la redacción y la corrección de estilo; elección óptima de la tipografía; uso de sangrías, cursivas, versalitas, negritas y en general, todo aquello que ayude a la fácil comprensión de los elementos del texto; cuidado en la anchura de columnas, tamaño de la fuente y del espacio entre párrafos; ubicación de las imágenes; empleo de colores y del diseño gráfico en general; correcta y lógica estructuración del contenido.

Aunque los cambios sean paulatinos, debemos tener en cuenta que ya existe un público naciente de usuarios de nuevas tecnologías
acostumbrados a la interacción con la pantalla de una computadora y todo tipo de artilugios electrónicos. Ellos representan a los futuros lectores de textos electrónicos, en ese sentido, debemos mantenernos al corriente de los cambios que esta disciplina ofrezca, sin olvidar el conocimiento generado durante siglos de experiencia de una cultura en papel.

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