Universidad Nacional Autónoma de México
Dirección General de Servicios de Cómputo Académico
Año 7 Núm. 74, Publicación Mensual, 27 de Noviembre de 2008

ARTÍCULOS

 

Año 2, Número 2, Agosto de 2003
Retos y compromisos frente a la Sociedad de la Información

Raúl Trejo Delarbre
rtrejo@infosel.net.mx

Síntesis de la relatoria de la VI Conferencia El Reto de México ante la Sociedad de la Información
www.senadorcorral.org.mx/medios/temporal/viconferencia/relatoriaraultrejo.shtml

Discutir a la Sociedad de la Información implica ocuparse del futuro del mundo. Desatender ese debate equivale a cerrar los ojos ante un desarrollo que ya comenzó. Pretender que con él se resuelven los problemas ingentes del planeta –y así, de países como el nuestro– implica desestimar los rezagos sociales, las inequidades e ineficiencias económicas así como las rémoras culturales y políticas que se congregan para crear las variadas brechas que padece el planeta. Entre ellas, la de índole digital puede convertirse en una de las más costosas y significativas.

Discutir a la Sociedad de la Información supone pensar el presente en una perspectiva más allá de fatalidades, resignaciones o indiferencias. Es un tema que, como subrayó el doctor Armand Mattelart, ofrece la oportunidad de abrir debates.

Paradójicamente el de la Sociedad de la Información no siempre conmueve a las elites políticas o a quienes aspiran a formar parte de ellas.

Hablar de información es hacerlo de poder, de instrucción, de negocios, de desarrollo humano. Hablar de brechas informativas implica referirse a escisiones y pobrezas que no solo dividen a unos países de otros y a las sociedades en cada nación sino que, además, constituyen una nueva fuente de marginación. El tema de fondo en este debate, como señaló el profesor Víctor Flores Olea, es el de la democratización de nuestras sociedades.

Fuente de utopías y escenario de la imaginación y la expresión, así como del negocio, la socialización y la interacción de la gente, para que la Sociedad de la Información sea también Sociedad del Conocimiento se requiere mucho más que la voluntad de quienes están interesados en ella. Hacen falta políticas públicas, concertaciones nacionales e internacionales, colaboración de sociedad y Estado. Es preciso, junto con todo ello, que los ciudadanos se manifiesten, propongan, reclamen, sueñen, acerca de y en los espacios de la Sociedad de la Información.

Destinataria de las nuevas quimeras globales, escenario de encuentros y desigualdades, motivo de codicias financieras y ambiciones políticas, la Sociedad de la Información constituye, sin duda, el espacio contemporáneo para edificar el futuro o resignarnos a que otros lo construyan. Definida por la abundancia de datos, la inmediatez con que se transmiten, la capacidad para aprehenderlos casi desde cualquier sitio y la posibilidad para que cada quien coloque allí sus propios contenidos, la Sociedad de la Información tiene como columna vertebral a la Internet aunque en ella convergen los medios de comunicación convencionales y, en el futuro, habrá otros espacios y mecanismos con la red de redes.

Ese nuevo entorno, que no desplaza a los anteriores pero tiende a crecer, está contribuyendo a transformar la cultura, educación, negocios y entretenimiento y apenas están por desarrollarse sus mayores posibilidades. La variedad y novedad de opciones que la sociedad de la información implica conduce a que, a menudo, se la idealice con tanto frenesí que se olvida que una enorme parte de la humanidad continúa marginada de ella igual que de otros bienes culturales y materiales.

Con erudita autoridad, el doctor Armand Mattelart explicó que la inserción, como tema ciudadano, de la sociedad de la información, expresa “el combate de una generación” que se traduce en la reivindicación del espacio que abren las nuevas tecnologías de la información y la comunicación.

Mattelart sugirió un giro a ese concepto cuando dijo que él preferiría hablar de “una sociedad de los saberes para todos y por todos”. La información no basta. De hecho, su exuberancia llega a ser un problema adicional a lo que significa la marginación respecto de los cauces de difusión más abundantes en datos y opciones. Por ello, Alejandro Alfonzo, Consejero Regional de la UNESCO, insistió en que la información no es suficiente. Darle respuesta y contenido a esa preocupación es tarea de las sociedades y los Estados.

Cabe recordar la definición de los documentos preparatorios para la Cumbre de Ginebra: “Es una nueva forma de organización social, más compleja, en la cual las redes de TIC más modernas, el acceso equitativo y ubicuo a la información, el contenido adecuado en formatos accesibles y la comunicación eficaz deben permitir a todas las personas realizarse plenamente, promover un desarrollo económico y social sostenible, mejorar la calidad de vida y aliviar la pobreza y el hambre”.

Ante estas nuevas tecnologías corremos el riesgo de encandilarnos y, entonces, sobredimensionarlas. También sería erróneo despreciar la enorme influencia que tienen o llegarán a alcanzar en nuestras sociedades. Al respecto, el profesor Mattelart señala que “el enfrentamiento no es entre tecnófilos y tecnófobos sino entre mesianismo tecnoglobal y la apropiación de las técnicas en cada sociedad”.

De la manera como se le moldee, con políticas públicas, acciones legislativas y según la concertación social que se logre, dependerá la humanidad o brutalidad que tengan los rostros de esta Sociedad de la Información.

La brecha digital

La brecha digital “acentúa las desigualdades en el desarrollo y excluye a grupos y países enteros de los beneficios de la información y el conocimiento; tiene su origen real en la pobreza”, afirma Alejandro Alfonzo.

Suponer que la brecha digital se limita al acceso directo a la Red constituye una visión simplista y limitada. La infraestructura es fundamental, pero es únicamente condición para aprovechar las opciones que ofrece la sociedad de la información.

Las nuevas tecnologías no tienen capacidad transformadora en sí mismas; son las organizaciones con capacidad transformadora quienes las pueden aprovechar de manera sobresaliente o no.

Existen desigualdades socioeconómicas, de género, por edad o por ocupación; es decir, no existe una brecha digital sino una variedad de brechas cuyo comportamiento ha variado en los últimos años. Mientras que algunas brechas se han mantenido o profundizado, otras se han reducido.

Para cerrar la brecha o, en otros términos, para abrirle cauce al conocimiento, se propone la creación de puntos de acceso comunitario como telecentros, conexiones en bibliotecas y escuelas.

De 50 indicadores básicos que la Unión Internacional de Telecomunicaciones establece para medir el desarrollo de estas tecnologías, México solamente cumple con 20. Ese 40% de tales indicadores básicos contrasta con el 76% que reúne Chile.

De igual forma, existen enormes disparidades entre la calidad del acceso que tienen los usuarios en regiones como Europa en comparación con los de otras latitudes, por ejemplo, Luxemburgo tiene más ancho de banda que toda África.

La brecha digital significa diferencias en la cantidad pero, además, en la calidad del acceso a la información. De ahí la necesidad de ampliar la cobertura de la Internet en México tanto en cantidad como en calidad de las conexiones.

Usos de la Sociedad de la Información

Se deben encarar necesidades como el desarrollo de contenidos apropiados y la formación de capacidades humanas y habilidades técnicas que lleven a la transformación del conocimiento e información en activos de poder y producción.

Hablar de la Sociedad de la Información es mucho más que tecnología. Lo relevante son los contenidos y el acceso a los mismos. El analfabetismo digital o analfabetismo moderno es el no contar con acceso a la información y al conocimiento.

Una vertiente más de la desigualdad digital es la preponderancia de contenidos no necesariamente vinculados con los intereses, problemas o circunstancias de cada colectividad.

Educación

Existen vínculos importantes entre educación y aprovechamiento de las opciones que ofrece la sociedad de la información.

La educación se ha convertido en una estrategia fundamental para conseguir que los habitantes del planeta participen activamente en la comunicación y, por tanto, en la construcción y difusión de sus propios mundos. Prepara para el uso de las tecnologías de la información y la comunicación, por ello, se debe inducir el aprendizaje sobre cómo afrontar un nuevo ambiente económico, cultural y social, dominado por la tecnología y la información.

El conocimiento del lenguaje de las computadoras es una habilidad básica para el desempeño en las sociedades de conocimiento y las TICs brindan los medios para una mejor administración y uso de los recursos educativos.

Gobierno digital

Todas las entidades públicas deben establecer mecanismos para resolver en línea todas las interacciones que lleven a cabo con la ciudadanía.

La sociedad de la información, ofrece también la dimensión de la situación real del país y establece un contexto ineludible para las aspiraciones de nuestros gobernantes.

En México, los acuerdos políticos se dificultan porque cada sector cuenta con su propia información acerca de los temas públicos, o porque el gobierno federal no ofrece toda la información de la que dispone. Así que, un aspecto por resolver en nuestro camino a la sociedad de la información radica en extender y homogeneizar los datos acerca de la situación social y económica de México.

Abusos; libertades; privacidad

Tan diversa como el mundo y la sociedad misma, la red de redes contiene similares recursos para la educación, la economía y el gobierno, con excesos, abusos y transgresiones de toda índole. Sin embargo, los delitos no debieran ser pretexto para abolir las libertades que constituyen uno de los signos originarios y, aunque con limitaciones, aun promisorios en la Internet.

Es necesario reconocer el carácter abierto de la red al mismo tiempo que procurar el respeto a todas las expresiones sin más límites que los derechos de terceros. Uno de los recursos para propiciar el respeto mutuo de los usuarios de Internet es la creación de códigos de ética.

Autorizar usos justos de las copias privadas (por ejemplo para estudiantes) y estimular la creación y el derecho a la información respecto de productos culturales que han pasado a ser del dominio público.

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