Universidad Nacional Autónoma de México
Dirección General de Servicios de Cómputo Académico
Año 7 Núm. 74, Publicación Mensual, 27 de Noviembre de 2008

ARTÍCULOS

 

 
Año 1, Número 13, Octubre de 2002
La brecha digital se ensancha: e - readiness

Kiyoshi Tsuru
ktsuru@worldnet.att.net

 

¿Por fin surgirá una presencia importante del comercio electrónico en México? Esta es una de las pre-guntas que cada día es más frecuente entre diversos sectores del país, y la respuesta tiene muchas facetas que reflejan los múltiples aspectos del entorno digital: la tecnología, la economía, la ley, la academia, la cultura, el factor humano y los negocios, entre muchos otros. Hoy es posible analizar todas estas variables y obtener un diagnóstico relativamente certero, mediante el empleo de mediciones de ‘e-readiness.’ El término puede traducirse como preparación-electrónica o —si seguimos la tendencia de quienes hablan de ‘correo-e’, ‘comercio-e’, ‘e-gobierno’ o ‘e-México’—, se puede designar simplemente como ‘e-preparación’.

E-preparación es la habilidad que un país tiene para aprovechar sus tecnologías de información y comu-nicación (TIC), en especial Internet, como detonadores de crecimiento económico, desarrollo humano y de oportunidades comerciales.

Esta ‘aptitud’ de las naciones para beneficiarse de su inmersión en el ciberespacio, se mide hoy día por algunos organismos especializados en la materia. Los factores que cada organismo evalúa, así como la metodología que cada cual utiliza, varían entre las diferentes instituciones.

Uno de los organismos clasificadores más citados a nivel global, es la Unidad de Inteligencia de The Economist (EIU, por sus siglas en inglés). Este año, dicha unidad ha usado en su análisis seis categorías que a su vez agrupan decenas de indicadores. Las categorías son: conectividad e infraestructura tecnológica, entorno de negocios, adopción de TIC por parte de consumidores y empresas, infraestructura social y cultural, entorno legal y regulatorio, y servicios de soporte al comercio electrónico. De acuerdo con este estudio, México ocupa el lugar número 30, de un total de 60 países examinados (cuatro puestos más arriba que el año pasado).

México ha sido también catalogado por los siguientes organismos: El Índice de la Sociedad de la Información de IDC (quien nos cataloga en el lugar 42 de 55), el Banco Mundial, McConnell International, Metric-Net E-Economy Index (quien nos ubica en el peldaño 41 de 49), Mosaic Group y el Centro para el Desarrollo Internacional (CDI, por sus siglas en inglés) en Harvard/Foro Económico Mundial.

e-Preparación

Estas cifras corroboran un fenó-meno que vivimos todos los días: la brecha digital. El hecho de que los países desarrollados se separen tecnológicamente de aquéllos en vías de desarrollo, se acentúa y recrudece exponencialmente ante nuestros ojos. En nuestro propio país, el abismo existente entre el reducido número de usuarios con alto grado de sofisticación tecnológica y el resto de la población imposibilitada de acceder a la capacitación mínima y a las tecnologías informáticas, amenaza con ensancharse. En un mundo donde los valores imperantes son la competitividad, la automatización y el flujo eficiente y seguro de información digital, tendiente al libre intercambio de productos, servicios y datos, el escenario no arroja un buen diagnóstico.

No debemos, sin embargo, limitarnos a discusiones meramente comerciales. Si consideramos que las Tecnologías de la Información y Comunicación (TIC), proporcionan grandes oportunidades de interacción cultural, creación artística, disertación académica, or-ganización social, participación política, además de un acervo ilimitado de contenidos; resulta claro cuán bene-ficioso podría ser para nuestro país el insertarse de lleno en el entorno digital. Evidentemente, una de las grandes ventajas de las TIC es que no sólo permiten recibir información de manera pasiva, sino que habilitan a su usuario para que éste pueda aportar nuevos elementos, convertirse en creador de contenidos y construir, con base en lo realizado previamente, contribuyendo así a la conformación del acervo cultural digital contemporáneo.

Lo único que hace falta es e-preparación. Alistar el nicho que permita que nuestro entorno electrónico crezca con solidez y se mantenga estable. La solución parece simple, pero la gran cantidad de sus variables la torna complicada. Una cosa es cierta: que ni el poder ejecutivo (por mucho que se adjudique el calificativo de e-gobierno), ni el legislativo (aunque hay que reconocer que nuestro H. Congreso de la Unión ha venido realizando esfuerzos legislativos sostenidos y mesurados, los cuales han sido bien recibidos a nivel internacional), ni el sector privado, la academia, las organizaciones no gubernamentales, la sociedad civil o los tecnólogos pueden aisladamente generar esta solución. El intrincado tejido de factores y variables que necesitan coordinarse para que estemos plenamente preparados para administrar una plataforma electrónica mexicana sólida, es tan complejo y diverso como la propia red de redes. Quizás, el prerrequisito para que todo esto funcione sea una auténtica ‘e’-cooperación. Esperemos fomentarla a tiempo. Después de todo, lo que está en juego es muy importante para todos nosotros: la posición y el papel de México en esta sociedad de la información, y cómo las personas, grupos e instituciones nacionales pueden obtener beneficios directos y concretos con su participación dentro de esta sociedad de la información. Eso es, finalmente, lo verdaderamente relevante.

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