Universidad Nacional Autónoma de México
Dirección General de Servicios de Cómputo Académico
Año 7 Núm. 74, Publicación Mensual, 27 de Noviembre de 2008

ARTÍCULOS

 

Año 1, Número 10, Julio de 2002
GÉNERO Y SEXUALIDAD EN LAS COMUNIDADES VIRTUALES

M.C. Edgar Gómez Cruz
(Universidad de Colima)

 

 

"Los hombres quieren forzar a las computadoras a someterse. Las mujeres sólo quieren las computadoras para trabajar"

Deborah Tannen

CUERPOS Y CYBORGS

En su novela Frankenstein, realizada en el siglo XIX, Mary Shelley habla de un científico que "crea" un ser humano con partes de diferentes cuerpos y mediante un proceso bioeléctrico le da vida. Esta podría ser una buena metáfora para ejemplificar lo que sucede en los sistemas de Comunicación Mediada por Computadora (CMC), en donde una persona "crea" a otra persona que aunque diferente a ella misma, es un reflejo de su personalidad (igual que Frankenstein del doctor que lo creó), pero que está también construida de partes, sólo que no son partes físicas sino construcciones cognitivas compartidas, fragmentos de imaginación expresados en palabras y decodificados en sueños e ilusiones. "Penetrar en la pantalla envuelve un estado de cambio, del espacio físico y biológico del espectador corpóreo al simbólico, metafórico, de una "alucinación consensual" del ciberespacio; espacio que es locus de un intenso deseo de reconfigurar la corporización" (Stone, 1992, p. 109). Aunque el referente físico está ausente, se tiene un "cuerpo virtual", una parte de esa construcción social compartida, lo que algunos autores llaman "Cyborg" (Haraway, 1996), que en estricto sentido es un ser compuesto de un componente humano y uno mecánico (electrónico en este caso) en palabras de Kember (1998).

"El cyborg es un híbrido de humano y máquina, o una encarnación de la diferencia. No es un sujeto sino una posición de sujeto, y su existencia es altamente contingente" (p. 362).
Stone (1992) señala que los participantes de la CMC "construyen sus cuerpos en línea describiéndolos, ya sea espontáneamente o como respuesta a preguntas, y articulan sus discursos alrededor de esta asunción" (p. 105) siendo entonces un proceso de construcción-deconstrucción. En este sentido, se abren posibilidades nuevas para aquellas personas descontentas con su propio físico, ya sea por razones psicológicas o reales, lo que puede ser el caso de personas con discapacidad física, psicológica o social:

La gente cuyas desventajas físicas se les dificulta tener nuevas amistades, encuentra que las comunidades virtuales los tratan como siempre quisieron que se les tratara, como pensadores y transmisores de ideas y seres que sienten y no como vasijas carnales con una cierta apariencia y una manera de hablar y de caminar o de no hablar o de no caminar (1992).

Resulta lógico señalar entonces el carácter cuasi terapéutico e inclusive catártico que puede generar el medio.

Los participantes aprenden a delegar sus agencias a cuerpos representativos que existen en el ciberespacio, pero las interacciones que ellos tienen en esos espacios son mucho más como interacciones en el mundo real. Los niños tímidos desarrollan habilidades sociales en línea que después pueden aplicar en interacciones cara a cara con amigos "reales" (Shina y Stone, 1995, pag. 273).

La pregunta sobre el cuerpo nos lleva necesariamente a cuestionarnos sobre el género y la sexualidad a través del Internet, siendo el segundo uno de los temas que más debate suscita y preocupa en cuanto al uso de la red.

GÉNERO EN LAS COMUNIDADES EN LÍNEA, ALGUNAS CONSIDERACIONES

Si bien este no pretende ser un metanálisis exhaustivo de los estudios de género sobre CMC, si podemos afirmar que la mayoría coincide en que si bien las tecnologías ofrecen oportunidades de igualdad y desarrollo femenino, tanto el diseño, el acceso y el uso de dichas tecnologías siguen siendo una construcción masculina. Herring (1996) defiende la idea de que al contrario de lo que se piensa sobre el hecho de que la CMC neutraliza la distinción de género, "las mujeres y los hombres tienen diferentes y reconocibles formas de escribir sus mensajes electrónicos" (p. 144) por lo que al haber reconocimiento, sigue existiendo la diferencia. Kember (1998) por su parte afirma que "el ciberespacio es el lugar donde las jerarquías de las relaciones sociales se ven intensificadas" (p. 367) por lo que propone que "para el feminismo es importante reconocer la multiplicidad de identidades y experiencias femeninas para proporcionar una crítica adecuada a las formas dominantes de la ciencia y la tecnología y para poder lograr el cambio" (p. 350). Aunque Plant (1996) lo pone en un plano mayor cuando señala que la economía masculina es la culpable de una falta de desarrollo para las mujeres, centrando su análisis en las nuevas tecnologías.

Hablando específicamente de la CMC hay que señalar que un elemento básico de dicho análisis es que la conectividad sigue siendo en su mayoría de hombres con formación media, mínimo (aunque en algunos países se nivele más, en México sigue siendo esta la situación), lo que reduce en mucho la participación femenina en dichos sistemas. Sin embargo, tomando como base la afirmación de que la ausencia de una representación física es una característica de la CMC, se puede pensar que las distinciones de género no existen, si bien es cierto que elementos como el nick, o la información que se inserta en el sistema para validar las cuentas pueden dar pistas, éstas pueden ser informaciones falsas. Por ejemplo, alguien que se pone el sobrenombre de "el macho" puede ser en realidad una mujer (de cualquier edad).

Dado el anonimato, se pueden generar situaciones en las que incluso se experimenta con la creación de un ser virtual del otro sexo (o un personaje asexual). Bruckman (1996) dice que "el género es sólo un ejemplo de un aspecto de la identidad personal que la gente explora en los MUD" (p. 445) y que interpreta como una mínima parte de un cambio mucho mayor: "El intercambio de sexos es un ejemplo extremoso de algo fundamental: la red está en el proceso de cambiar, no solamente la manera en la que trabajamos, sino la forma en la que pensamos sobre nosotros mismos, y finalmente, quienes somos." (p. 446).

Una aportación importante desde la psicología es la de Turkle (1995) quien menciona distintos casos de personas que utilizan un sistema de CMC para llevar a la práctica roles que en algún momento juegan en su interior y que se basan en personas cercanas que quisieran ver comportarse de esa manera. Por ejemplo, si la madre de una de las usuarias es incomprensiva y violenta, el personaje creado por la hija podría ser el de una madre comprensiva y tranquila. Al analizar esto, Turkle menciona la existencia de mundos alternativos que cubren necesidades o situaciones deseadas que no pueden existir en la vida real. Intentando atenuar el sentido tan trascendente de lo que pudiera acontecer al interior del BBS Argyle y Shields (1995) dicen:

Los cuerpos y las experiencias de la vida cotidiana son, ambas, el contenido de la comunicación por Internet (en la banalidad del chisme o las discusiones sobre sexo) y contiguo por su uso (en la forma de los cuerpos de los usuarios). El Internet por si mismo es parte de la vida cotidiana; es parte de los aspectos más banales de la interacción social (p. 58).

Por supuesto, existe mucho terreno que explorar en cuanto a la relación de mujeres y hombres en la red, se tienen que encontrar caminos desde el acceso para buscar una igualdad entre los sexos en cuanto al uso de la tecnología, y específicamente de Internet, y la CMC. Kember cita a Plant y señala que:

Enganchado a las pantallas y conectado a las pletinas el hombre se convierte en usuario y en adicto, y ya no puede insistir más en su soberanía y separación soberana de la naturaleza. Cada vez más integrado con el entorno del que siempre se había considerado diferenciado, se encuentra a sí mismo viajando en redes que ni siquiera sabía que existían y entrado en espacios en los que sus concepciones de la realidad y la identidad quedan destruidas. Es el retorno de lo reprimido, de lo femenino, incluso quizá la venganza de la naturaleza (p. 369).

Quizá así sea.

CIBERSEXO EN LAS CV

Ningún cuerpo virtual, sin importar que tan bello sea, podría retardar la muerte de un ciberpunk con SIDA.
Aun en la era de los sujetos tecnosociales, la vida se vive a través de cuerpos.

Alluquere Stone


Todos los bits son iguales, pero algunos son más cachondos que otros.

Van Deur Leun

SEXO EN INTERNET, MITO O REALIDAD


Andrés de Luna, quizá una de las personas que desde México más ha entendido la sexualidad como una parte de la expresión de lo llamado humano, cuenta que existe un programa de televisión en una emisora local de Nueva York, en donde una mujer recibe llamadas del público (que por supuesto tiene que pagar una cantidad considerable por minuto), y actúa en vivo lo que el público le va diciendo, claro está, relacionado con el sexo, un programa que propone una especie de voyeurismo interactivo.

Van Der Leun (1996) habla de que siempre ha habido en la historia una relación estrecha entre la tecnología y el uso sexual que se da de ésta, en ello coincide con Rheingold (1995) y con Tsang (2000) quien señala que “conforme la humanidad crea nuevas invenciones, las personas encuentran formas de erotizar la nueva tecnología” (p. 432). Sin embargo, parece que esta búsqueda no es exclusiva de la tecnología disponible, como dice Miranda (1994) Existen “dos aspectos inherentes al ser humano, su aspiración al placer erótico y la diversidad de formas en que éste puede manifestarse” (p. 508).

Sin embargo, la prueba del incremento en la oferta que involucra contenidos sexuales y tecnologías es comprobable porque en los últimos tiempos ha habido una importante movilidad social para frenar la expansión del uso sexual de las nuevas tecnologías de comunicación, mientras que las ofertas crecen a diario (desde CD-ROMs pornos hasta sitios con videos, fotos, animaciones y demás herramientas sexo-tecnológicas). Eso sin hablar de la vieja lucha contra la violencia y el sexo en los mensajes televisivos y cinematográficos.

Una de las maneras para conocer el uso que se da al Internet es precisamente el de conocer la oferta existente y para ello, las pistas que nos pueden dar los buscadores (o motores de búsqueda) son muy interesantes. Utilizando el Google, que es la nueva generación de buscadores y uno de los más avanzados, realicé la búsqueda de una serie de conceptos y palabras claves para saber el número de menciones que éstos tienen en los sitios de Internet. Esta búsqueda dio como resultado la siguiente tabla:


Vemos que si bien el sexo tiene un número muy importante de menciones, dista mucho de la oferta dedicada a los sitios de negocios o de la industria de la computación. Incluso es interesante ver que existe un mayor número de sitios dedicados al arte que a cuestiones relacionadas con el ámbito sexual, aunque valga el comentario de que no todos los sitios con referencia al sexo son necesariamente pornografía, y pueden ser desde consultorios médicos hasta trabajos académicos sobre el tema. Aunque, la mayoría si tienen que ver con contenido sexual gráfico y explícito. Quise también hacer una búsqueda con palabras cuyo significado remita a los valores morales. Siendo la religión (por mucho) la de menor número, mientras que sitios con palabras como poder, dinero, y amor están por debajo de los dedicados al sexo. Cabe señalar un dato por demás interesante; realizando la búsqueda en español, la palabra “amor” tiene 1,600,000 páginas mientras que la palabra “sexo” sólo tiene 1,050,000, dato que dejo a la libre interpretación del lector.

Definitivamente estos datos no tienen representatividad alguna, pero si son indicativos del uso que se da al Internet (si pensamos en la ley de la oferta y la demanda en donde a mayor demanda, mayor oferta). Por otro lado, son conceptos aislados que no significan necesariamente algo en sí mismos. Sin embargo, considero interesante el saber que si bien el Internet ha desarrollado en muchos de sus nodos, puertos donde los usuarios puedan tener desahogos físicos o emocionales relacionados con cuestiones sexuales, es el comercio el que sigue teniendo la batuta de lo que sucede en su interior (de hecho la mayoría de los sitios sexuales, son comerciales).

LA SOCIEDAD CIVIL Y EL INTERNET COMO OBJETO SEXUAL

Ahora bien, más que establecer un análisis minucioso de los diversos ámbitos sexuales de las nuevas tecnologías o el Internet, mi interés radica en conocer las formas en que las personas comunes y corrientes utilizan al Internet para desarrollar actividades psico y socio sexuales y de qué forma se dan estos usos en los sistemas de Comunicación Mediada por Computadora (CMC). Sin embargo, considero importante, como un marco de referencia, el apuntar algunas de las situaciones que implican cuestiones sexuales en el uso del Internet.

Por un lado podríamos hablar de contenidos sexuales a los cuales se busca el acceso, sobretodo, páginas de Internet, servicios de video en demanda, o incluso audios. Un ejemplo que podría ser útil para ilustrar esto, es un servicio de video por Internet en donde una presentadora da las noticias al mismo tiempo que se desnuda (las noticias son serias). Por otro lado tenemos aquellos mensajes con contenido sexual que no son necesariamente buscados, como correos electrónicos, o resultados de búsquedas, y que, aunque pueden no ser vistos, si es importante mencionarlos como parte del tráfico sexual de la red. Esta distinción es importante porque nos puede decir a qué grado está impregnado el Internet con una carga sexual, si bien hay personas a las que no les ha sucedido, una gran parte de la población que tiene correo electrónico ha recibido por lo menos alguna vez, un texto, una imagen, una fotografía o hasta un video con contenido sexual, ya sea de carácter erótico o simplemente irónico pero con contenido sexual. También aquéllos que están suscritos a algún sistema de CMC han recibido alguna vez una invitación a visitar páginas con contenido sexual explícito. Todos los informantes coincidieron que existía un gran número de contenidos sexuales y que todos ellos habían recibido ya sea invitaciones o archivos electrónicos.

Ahora bien, hablando específicamente de las llamadas comunidades virtuales ya vimos que éstas se caracterizan por la capacidad de cohesión y agrupamiento de personas con intereses en común, de esta forma, se convierten en verdaderos nichos de intercambio de información en donde, basándose en elementos de unión, es muy fácil establecer lazos que desemboquen en diversos tipos de relaciones. El Internet se está posicionando como una opción muy recurrida para encontrar compañía amistosa, romántica, sexual, platónica o de cualquier tipo. Ya las historias de parejas que se han conocido de esta forma y que están casados (o que dejaron a sus esposas o esposos por alguien más) no son la novedad y cada vez son más las almas solitarias (y las no tanto) que encuentran en el Internet el medio idóneo para conocerse, enamorarse y porqué no, satisfacerse. El analizar las relaciones en general que se dan vía Internet es un trabajo sumamente interesante y necesario. Sin embargo, este texto se centra únicamente en el plano de las relaciones sexuales y no de otro tipo(1) (que por supuesto muchas veces se mezclan; relaciones sexuales entre amigos, entre parejas románticas, etcétera). Algunos piensan que no hay sexo más seguro que el cibernético. Plant habla de esta visión y la describe de esta manera:

Sexo libre de contacto, sin secreciones en una zona de total autonomía. Un ambiente libre de los efectos secundarios y de las complicaciones de las cópulas reales; enfermedades transmitidas, concepciones y abortos, y la triste obligación de las necesidades emocionales. Un circuito cerrado, sellado del exterior, un espacio virtual para acceder a voluntad (p.460).

Y sin embargo, ella critica esta visión argumentando que finalmente las personas se exponen igual que en una relación normal. Pero para sacar una conclusión debemos conocer en principio qué es exactamente y cuáles son las posibilidades del sexo virtual o también llamado “cibersexo”

CIBERSEXO: ¿LA ÚLTIMA FRONTERA DEL EROS?


La base de los sistemas de CMC en un principio era únicamente textual, es decir, las posibilidades de erotización eran únicamente las que pudieran desarrollarse con palabras. Sin embargo, con la llegada de programas más avanzados como el ICQ o los “messengers” de Hotmail o Yahoo se tiende a tener más elementos audiovisuales, en donde la videoconferencia es el punto máximo de desarrollo hasta el momento. Pero aunque se tiene la posibilidad de mostrarse físicamente (mediante fotos o videos), las personas siguen utilizando recursos para recrear o construir una identidad ficticia (ponen fotos de artistas, caricaturas, fotos retocadas digitalmente, etcétera.). Aunque el grueso de la interacción sigue siendo textual. Por ello, la sexualidad se recrea diferente, los usuarios inventan y reinventan formas discursivas que funcionan como interacción social, esto permite recrear la sexualidad física con la referencia de la vida real. Llegando a un grado de inmersión en donde surgen situaciones difíciles de entender, por ejemplo casos de "sexoservidoras" (Van Der Leun, 1996) y "violaciones" (Dibell, 1996) en línea.

El concepto clave y medular de esta cuestión es el cibersexo o sexo virtual, Branwyn (2000) señala que hay tres tipos de sexo virtual; el real que se da cuando dos personas en un espacio bidireccional (que podría considerarse la forma íntima de interacción; dos personas “hablando” en un espacio sin que alguien más pueda acceder a él, aunque también puede ser en un espacio con mayor flujo de personas, una cuestión muy parecida al teléfono), comienzan a describir una relación sexual a la vez que (y no necesariamente) concretan con contacto físico personal esta dinámica. Si bien en un principio esto pudiera parecer antinatural, frío, insensible e impersonal, dadas las características de inmersión en el sistema, en algún momento puede hacerse transparente la comunicación, y la erotización mutua puede llegar a niveles sorprendentes; una mezcla entre literatura erótica, plática de pareja o terapia sexual que con la ayuda de la imaginación puede alcanzar niveles de sensibilidad muy fuertes (y por supuesto orgasmos ya que existe un estímulo físico). Miranda lo apunta claramente al hablar de la “fantasía central alucinatoria”:

Cuando el “otro” dador de placer está ausente se utiliza la satisfacción alucinatoria, la activación de la huella que en la memoria dejó la primera experiencia de placer, este es el mecanismo precursor de la capacidad creativa, de inventar e imaginar al “otro satisfactor”. (1994, p. 524).

Y continúa diciendo “un compañero es sólo un acompañante con quien compartir la experiencia, pero la calidad y disfrute de la misma depende únicamente de la propia persona” (pág. 531). Por ello, el cibersexo encuentra un eco en las fantasías para desarrollarse, llegando a ser tan extrema esta situación que incluso hay engaños "permitidos" como lo señala una informante que tiene relaciones lésbicas mediadas por computadora:

Hay que jugársela pues es parte del juego, pero hay límites, tú crees que estás con una mujer y te salen con otra cosa, y eso por lo menos te enfría un poco pues te cambia toda tu fantasía que venías creando, aparte de que yo sinceramente cuando los descubro antes de terminar, les pido que sigan actuando como mujeres para poder continuar mi fantasía, aunque he de confesar que es muy probable que ya haya tenido cibersexo con un hombre que se hace pasar por mujer y no me di cuenta nunca.

Quien continúa diciendo “si la otra persona no me agrada mucho físicamente, simplemente busco cualquier foto de otra persona en Internet o me la imagino a mi gusto” de manera que queda perfectamente claro el hecho de que la fantasía es el componente principal del cibersexo.

Precisamente, la segunda forma del cibersexo es la fantasiosa, que podría describirse igual que el anterior pero con la diferencia que éste no se basa en la descripción detallada de los movimientos que se efectúan a los extremos de una conexión (aunque al hablar de una cópula, necesariamente el primero también tiene una carga de fantasía), sino se basa en una descripción fantasiosa ya sea del lugar donde se lleva a cabo la relación sexual (en una playa, una montaña, una nube), de personas en específico (Romeo y Julieta, escena de amor en Titanic, etc.) o la construcción de algo mayor (una orgía, encuentros sadomasoquistas etcétera).

Y finalmente, está el teleoperado, este es un tipo de relación sexual en donde una persona “guía” a otras dos (o más), que se encuentran del otro lado de la pantalla, sobre qué hacer y cómo hacerlo, este tipo de relación sexual se da en algunas parejas que quieren sentir ser “swingers” (personas que intercambian parejas) sin que exista algún problema con enfermedades o desconocidos, o, como una forma de estimulación externa.

El sexo virtual no es sólo un acto individual como pudiera ser el caso de una experiencia sexual con otro tipo de medios como una revista, un video o algún objeto (incluso las mismas páginas Web). La diferencia, como lo señala Turkle, es el hecho de que aquí, se requiere una fantasía compartida que requiere atención no sólo de la imaginación y el cuerpo propio sino de la idealización del otro. Esta fantasía además está construida en conjunto, sea horizontal o no, plena y mutua o no, se requiere una serie de factores que son realizados por las personas, que no están estáticos, sino al contrario, se desarrollan gracias a la capacidad de imaginación de las personas y al flujo constante de información de unos a otros. Una informante lo apunta así en su página de consejos a los que quieren tener cibersexo:

Si no encuentras qué decir, bueno ¡a lo mejor el cibersexo no es para ti! Ve a rentar una película porno, o encuentra una línea de teléfono sexual donde le puedas pagar a una profesional para que te entretenga. A lo mejor, incluso, leer (gulp) una novela erótica.

Stone (1991) hace una similitud entre los trabajadores del sexo por teléfono y las personas que trabajan sobre realidad virtual que bien pudiera servir para aplicarse al análisis de lo que sucede en el cibersexo, "el trabajo de ambos es acerca de la representación del cuerpo humano a través de limitados canales de comunicación, y ambos grupos hacen esto al codificar expectativas culturales como significados" (p. 102). Continúa diciendo:

El sexo telefónico es el proceso de provocar, satisfacer, construir deseo a través de una sola forma de comunicación: el teléfono. En el proceso, los participantes dibujan con un repertorio (repertoire) de códigos culturales para construir un escenario que comprima largas cantidades de información en un espacio muy pequeño. El trabajador codifica verbalmente gestos, apariencias, y proclividad, y expresa estos como signos reconocibles, que muchas veces no son más que una palabra. El cliente descomprime estas evidencias y construye una densa y compleja imagen interaccional (p. 103).

Stone señala que este acto es completo "individual e interpretativo (ya que) el cliente construye significados que son densos, situados localmente y socialmente particular" (p. 103). Branwyn apuntala esta comparación y dice que “el sexo computacional es una curiosa mezcla de sexo telefónico, cita computarizada y voyeurismo hi-tech” (p.398). Pero no hay que perder de vista el hecho de que a diferencia del sexo telefónico, en el cibersexo no hay las mismas limitantes (de tiempo y dinero. Aunque no debemos olvidar que tiene sus propias limitantes) y se requiere de dos personas para llevarlo a cabo.

CIBERSEXO; UNA VISITA AL INTERIOR

Dadas las características que proporciona la CMC (anonimato, privacidad, y en algún momento transparencia), ésta se puede tornar en un espacio lúdico para la experimentación de nuevas sensaciones, una especie de laboratorio de la sexualidad en donde se interpretan, crean, recrean, construyen y destruyen tabúes y mitos, lo que De Luna (1997) llama “obsenario”. Una informante lo ilustra diciendo:

El ciberespacio es el lugar donde tú y yo podemos disfrutar placeres “prohibidos”, que en la realidad podrían no ser placenteros… en el ciber(sexo), tú puedes hacer cosas sucias, locas o humillantes que nunca podrías hacer en la vida real, ni quisieras hacer. Vamos disfrutando esa libertad.

Esta libertad llega a niveles extremos, por ejemplo el caso de un grupo de mujeres que crearon un club basado en juegos de rol en donde el tema es la violación. Es decir, se exponen en línea a violaciones sexuales actuadas por ellas mismas. Esto tiene una explicación, en palabras de Turkle (1995) "para que la realidad virtual sea interesante tiene que emular lo real. Pero también tiene que ser posible hacer en lo virtual lo que no puedes hacer en el real" (p. 219). En ello, todos los informantes coinciden, ya que para ellos esa arena de significación socio-sexual les da la oportunidad de “probar” situaciones o relaciones que no podrían ser posibles en la vida real. Sin duda la red es un lugar que propicia el descubrimiento, no sólo propio, sino compartido, es un terreno de experimentación, de juego, de riesgo y eso atrae a muchas personas, como una de las informantes, que en su página con contenidos sexuales, tenía la siguiente descripción:

Recientemente he descubierto el mundo de la red y he tomado el riesgo de poner una página. No se si ha sido una buena idea, estaría bien que me escribieras y me dijeras lo que dices. Quisiera conocer personas como yo: sin miedo a las apariencias, libre y que les guste el sexo y las experiencias nuevas.

Debo aclarar también que no todas las personas que entran a sistemas de CMC están interesadas en el cibersexo, de hecho, una gran mayoría está en contra (sobretodo mujeres que son molestadas continuamente por hombres que les piden tener relaciones). Una informante apunta “la única razón para el cibersexo es porque la gente no puede tener alguno”. Incluso existen voces que critican al cibersexo por el temor que éste pueda llegar a ser un sustituto del sexo normal, en realidad parece que el cibersexo es únicamente una opción más, ya que todos los informantes que tienen actividad sexual mediada por computadora hablan de que prefieren el sexo real, por mucho, al virtual, un informante dice “el cibersexo tiene que ver con la fantasía, no es un substituto del estar con alguien”. Sin embargo, la mayoría coincide en el hecho de que el cibersexo es más una opción intermedia entre la abstinencia y el desenfreno. Una informante del estudio de Hamman (1996) lo ejemplifica adecuadamente al decir que prefiere el sexo real al cibersexo, pero que prefiere el cibersexo a la masturbación solitaria, en lo que todos mis informantes coinciden. Una de ellas en su "perfil" señala:

A TODOS MIS CIBERAMIGOS Y AMANTES; CONTÁCTENME PERSONALMENTE. Fotos, webcam (cámara de video para Web), conversación con voz, peticiones de citas personales. Esto es lo real para mí. Cuando quiero real (físico) mi novio se encarga perfectamente de ello.

Entonces, dadas las enfermedades y las complicaciones del sexo casual, y o la falta de parejas, el cibersexo parece ser una opción válida para muchas personas. Dorian Sagan dijo en la revista Wired "no hay sexo más seguro que el cibersexo". Ahora, dentro de este nivel, también se encuentran aquellas personas que utilizan al cibersexo como un laboratorio para explorar las posibilidades de su propia sexualidad, sus alcances y gustos, como una informante apunta "lo hago sólo por ver y sentirme a mi misma, sólo para hacer algo nuevo". Al respecto Turkle (1995) habla del concepto de "depaysement" (despaisarse), lo que sucede con los antropólogos, cuando después de dejar su propia cultura para estudiar otra que no les es familiar, regresan y ven la suya con ojos más "frescos", Hamman (1996) habla de que esto puede suceder con el cibersexo, ya que las personas se atreven a ir más allá y con ello pueden ganar seguridad, estabilidad y reconocimiento. Por supuesto que las condiciones determinan también aspectos negativos, incluso pueden ser totalmente contrarios a los señalados, llegando a la decepción (Donath, ?), y en determinado nivel a un ultraje (Hamman, 1996). Pero esto no parece ser una limitante para las personas que tienen relaciones, tanto emocionales como sexuales, mediadas por computadora. Una informante incluso lo recomienda porque "es ideal para las personas jóvenes que quieren saber y aprender un poco del sexo, por lo menos una idea de cómo puede ser usado". De esta manera vemos, algo que he señalado en diversos momentos, que el uso de una tecnología en realidad no transforma las vivencias de las personas y su relación con el mundo, en realidad las potencía rompiendo algunas barreras (tiempo, distancia, rapidez, realismo), y esto puede ser para bien o para mal, como señala Lull (2000):

La gente común de todos los estilos de vida infunde regularmente y con mucha habilidad sus mundos culturales y relativamente no mediados con recursos culturales distantes (nuevos, mediados, simbólicos), para formar las múltiples trayectorias de su vida diaria. Estos ejercicios creativos producen resultados positivos para sus “autores”. Representan aplicaciones culurales complejas de “poder simbólico”.

Sin embargo, es necesaria una contraparte reflexiva para que no se vaya a configurar (o a desfigurar) una visión demasiado optimista, y por ello, poco realista de la situación, por ello, apunto algunos factores a continuación.

CIBERSEXO Y LIBERTAD: VOCES ENCONTRADAS

Por supuesto existen preocupaciones en torno al uso de estos sistemas para fines sexuales. Primero que nada, no debemos olvidar que la mayoría de usuarios de estos sistemas son hombres entre los veinte y los treinta años y que prácticamente (por ejemplo en los chats de cibersexo) son los únicos que deambulan por ahí en busca de relaciones sexuales mediadas por computadora. Esta cifra se balancea un poco en sistemas de otros países, sin embargo en Latinoamérica es totalmente notoria la presencia masculina mayoritaria, y que además llevan la batuta. Esta y otras son situaciones que preocupan a varios autores [(Tsang200), (Branwyn 2000)] que señalan que lo virtual no deja afuera el racismo y el sexismo implícitos en la vida cotidiana. Wilbur (2000) desde una posición más fuerte dice:

"La comunidad virtual es la ilusión de una comunidad en donde no hay personas reales y no hay comunicación real. Es un término utilizado por idealistas tecnofílicos que no alcanzan a comprender que lo auténtico no puede ser engendrado por medios tecnológicos. La comunidad virtual vuela en la cara de la ´naturaleza humana´ que parece ser, esencialmente, depravada" (p. 50).

Otro de los grandes problemas que el cibersexo puede traer consigo es el de la explosión de una economía basada en la explotación de la sexualidad. El hecho de que la exposición del cuerpo y la propia sexualidad al público se convierta en una forma de negocio, nos lleva a pensar que esta “revolución” tecnológica no es precisamente acorde con esa visión idealista, en la que cada uno puede ser productor de sentido en potencia, a menos claro, que esto signifique la reproducción de esquemas de comercio capitalistas y degradados, por ejemplo la pornografía. En realidad yo creo que aprovechándose de esta “mercadotecnia” tecnofílica, de que cualquiera es creador de contenidos y por lo tanto el acceso a ellos es democrático, horizontal (y gratuito), profesionales de la sexualidad encuentran en ello una forma de asegurarse mayor número de clientes (y no me refiero sólo a sexoservidoras quienes sólo tienen un dispositivo más para su oficio, sino estudiantes, amas de casa y de manera preocupante menores de edad). Es muy común que se tienda una especie de trampa para captar la atención de las personas hablando de servicios gratuitos y amateurs, como una informante apunta en su página de pornografía:

"Este sitio es totalmente gratis sin molestas barreras o cobros y estoy intentando conservarlo de esta manera, pero por favor tómate tu tiempo para entrar a las páginas de mis patrocinadores y dejar tus datos para recibir fotografías de sexo duro (hard core) en tu correo electrónico ya que esto ayuda a pagar los gastos de mantenimiento. Tu correo electrónico está totalmente a salvo y no pasa por terceras personas de ninguna forma. Tu obtienes una selección de fotos gratis cada día como resultado. Ayúdame a seguir dándote un sitio Web de sexo amateur. Gracias".

No hay que olvidar que la venta de información es quizá uno de los negocios más rentables de la red. Con ella se crean grandes bases de datos con correos electrónicos y preferencias de consumo o gustos, las cuales son vendidas a compañías que a su vez realizan cruces de información y venden estos resultados a diferentes compañías. Si bien se está intentando regular esta y otras situaciones aludiendo a la privacidad, el hecho de que Internet esté en varios países hace que lo que es delito en uno no lo sea en otro.

Ahora bien, dentro de los sistemas de CMC, la sexualidad no sólo encuentra su camino mediante el uso de la propuesta, el erotismo o el flujo de emociones causadas por el anonimato o las posibilidades del sexo virtual. Un poco como respuesta a aquellos sumamente preocupados por el uso del Internet como medio de desenfreno sexual, sobretodo algunas ligas moralistas (2), o asociaciones civiles que lo señalan incluso como una patología, como algo dañino, abordando el fenómeno con una visión simple y moralina, pero sin ningún intento por abarcarlo en su contexto, analizarlo y dar un juicio objetivo, se puede decir que el sexo también encuentra su lugar de reflexión, de seriedad, de preocupación ante la falta de precauciones, información, conocimiento, y responsabilidad. Prueba de ello son los foros de reflexión sobre sexualidad, género, SIDA, etc. En donde la reflexión, el debate y el intercambio de información encuentran su espacio propio y propicio. Lo interesante es la forma en la que se combinan experiencias personales, dudas, comentarios, juicios y datos científicos. Y sobretodo que la relación entre el ser virtual y el real, es algo íntimamente ligado, ya que por un lado existe como espacio de juego y aislamiento de la realidad (en el sentido de experimentar lo que no se puede en la vida cotidiana) y por otro lado se utiliza como un espacio de reflexión sobre los mismos temas que causan una preocupación y una problemática en la realidad.

Complementando lo anterior, está el hecho de poder hablar de temas socialmente censurados o difíciles de una forma en la que se tengan las características de separación entre el ser virtual y el real. Nuevamente, ante el anonimato, las personas pueden tener mayor libertad de cuestionar cosas o entablar conversaciones que de otra forma podrían resultar embarazosas, lo cual es muy positivo dada la apertura que se puede dar en cuanto a los tópicos, dejando a un lado los juicios de valor que suelen darse por este tipo de temáticas y la aceptación libremente de una relación con ellos por parte de alguna persona. Así, la homosexualidad y las prácticas sociales también tienen una cabida tanto de libre expresión como de ayuda y apoyo, como dice Sharf (1997).

Hay poblaciones vulnerables para quienes “el intercambio vía computadora se ha convertido en la principal fuente de información y soporte social. En el espíritu de alianza terapéutica y catarsis humana, ellos vierten sus sentimientos más profundos uno en el otro. (p. 246).

Se encuentran respuestas variadas en forma de consejos, citas de textos (principalmente científicos, aunque de otro tipo también), otras anécdotas y respuestas precisas. Se retoman espacios más relajados y con menos censura que en la vida real. Mensajes que generan una discusión en torno a ellas en donde se dan consejos, direcciones y teléfonos de especialistas, organizaciones y demás grupos que pueden proporcionar ayuda, aunque en el mismo foro personas, con conocimiento suficiente, dan recomendaciones y conceptos claves.

Vemos entonces que por un lado existe una búsqueda lúdica de nuevos espacios de experimentación que tienen que ver con el cuerpo, el deseo, las relaciones, el amor, la colonización de territorios inexplorados, tecnológicos, virtuales y por otro, con las mismas herramientas de las que se sirve el anterior, y utilizando el mismo medio y espacio, se encuentra un intercambio de información que ayuda a adquirir mayor consciencia sobre cuestiones relacionadas con la vida en pareja, la juventud, el sexo y el amor, lo cual puede desembocar acciones directas o posiciones ante cierto fenómeno en la vida cotidiana, real. Algunos autores anteponen el humanismo al proceso de tecnologización de lo llamado social :

Al crear una realidad sintética y adentrarnos en un entorno simulado por la computadora, socavamos el deseo humano de penetrar lo que nos elude radicalmente, lo nuevo e impredecible. La visión computacional demiúrgica puede llegar a robarnos la libertad de ser plenamente humanos (Piscitelli, 1995, p. 223).

Aunque otros autores como Fernback (1997) dicen que:

Podemos estar solos con nuestras computadoras mientras escribimos, pero estamos participando en una forma de vida pública; una vida pública que deviene de la desconfianza de nuestros vecinos y nuestros intensos deseos de privacidad que nos obliga a re-examinar nuestras vidas atomizadas (p. 38).

Estamos en la antesala de una sociedad cada vez más tecnológica y tenemos que estar de cerca, no sólo viviendo los cambios sino, proponiéndolos con una visión más igualitaria y real.


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